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Espectáculos
La maternidad centra la nueva instalación en Nueva York de la artista peruana Grimanesa Amorós

14/1/2010 2:58 PM
Nueva York, EFE

Nueva York, 14 ene (EFE).- La artista peruana Grimanesa Amorós, que vive en Nueva York desde hace 25 años, inaugura hoy una nueva instalación pública en Manhattan en la que reflexiona sobre la maternidad y la idea de que el hombre pueda dar a luz algún día.

"En el mundo en que vivimos ahora, debemos tener la flexibilidad de pensar por qué un hombre no podría dar a luz en un futuro también", explicó Amorós en una entrevista con Efe mientras ultimaba los detalles de su nueva instalación, con la que pretende desafiar las concepciones más tradicionales de la maternidad.

El resultado de ese desafío es un espacio al que ha llamado "La incubadora" y que, situado en uno de los ventanales exteriores del céntrico Roger Smith Hotel de Manhattan, presenta un total de once esculturas realizadas con moldes del propio busto de la artista cuando estaba embarazada, pero que cuentan con un rostro masculino.

Se trata así de uno de los proyectos más personales de Amorós, quien se ha colocado, gracias a esos bustos, como protagonista de su propia obra, con la voluntad de llamar la atención acerca de "los avances científicos y tecnológicos, así como sobre la posibilidad real de que el hombre pueda llevar en su interior a sus hijos".

"Durante mi embarazo, mi esposo se mostraba muy curioso acerca de las cosas que yo sentía y yo creo que él hubiera querido más hijos si fuera él mismo quien pudiera tenerlos", añadió Amorós, quien aseguró que esa experiencia fue la desencadenante de unas obras que llevan el subtítulo de "No puedes sentirlo, pero ojalá pudieras".

Nacida en Lima en 1962, esta artista, que se define como una gran seguidora de la ciencia y la tecnología, asegura que "La incubadora" llega en un momento en que "ya hay estudios en Canadá que indican que el hombre puede quedarse embarazado y, mientras, éstos se muestran socialmente más involucrados con sus mujeres en la experiencia de ser padres".

"Sí creo que en un futuro va a poder ser así y que los hombres van a querer que sea así, porque cualquier hombre con sensibilidad tiene mucha curiosidad a este respecto", dijo la artista, quien quiere transmitir que "la vida está cambiando y que hay que ser flexibles con los cambios y uno no se puede aferrar a ideas".

Para elaborar las esculturas que los transeúntes pueden ver desde este jueves en la Avenida Lexington de Manhattan, la artista también tomó ciertos riesgos personales, ya que quiso construir los bustos con un molde de su propio cuerpo cuando ella contaba con nueve meses de embarazo.

"Hicimos los moldes cuando me faltaba una semana para dar a luz, por lo que muchas empresas especializadas no quisieron acceder a mi petición", recordó Amorós, quien finalmente encontró una compañía que aceptó que le hizo firmar "muchos documentos en los que asumía mi propia responsabilidad si algo le sucedía a mi hija".

El peligro más común hubiera sido que la artista rompiera aguas mientras se le practicaba el molde, pero finalmente todo salió "a la perfección" y consiguió unas figuras que más tarde reproduciría en papel, cera cáustica y otras sustancias tras otros nueve meses de pruebas que dieron lugar al aspecto deseado.

Los once bustos, que a simple vista parecen hechos en piedra, se pueden ver casi en plena calle gracias a la galería LAB del Roger Smith Hotel, que queda abierta totalmente a la calle, por donde pasa la gente y se puede ver "la cara de estupefacción o aprobación que les causa la obra".

La instalación queda completada por varios adornos en forma de luz, así como una superficie llena de arena, "un material que me lleva directamente a mis raíces, al mar y la playa de Perú, que han jugado un papel muy importante en mi vida y en mi obra, así como la parte arqueológica, precolombina, de mi país natal".

"Mis raíces siempre aparecen en mi obra de una manera muy inconsciente, pero están muy presentes", aseveró Amorós, quien reconoció lo difícil que es "conseguir un lugar en el panorama artístico neoyorquino, porque toma mucho tiempo encontrar la esencia de lo que quieres decir y que te respeten por ello".

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