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Inmigración

Fortalecer la frontera, requisito e incógnita de la reforma migratoria

WUNI News
06/12/2013 12:38 PM
Actualizada: 06/13/2013 12:39 PM

Washington, 12 jun (EFE).- El fortalecimiento de la frontera es un asunto crucial y uno de los más controvertidos en el debate sobre el proyecto de reforma migratoria que acaba de abrirse en el pleno del Senado, aunque la forma de lograr ese objetivo sigue siendo una incógnita.

Tras meses de negociaciones y más de veinte años sin lograr aprobar un texto legislativo acorde a las necesidades migratorias estadounidenses, la posibilidad de un acuerdo bipartidista en el Senado parece más cerca que nunca.

El proyecto de ley impulsado por el conocido como “Grupo de los ocho” recoge una disposición sobre materia fronteriza, que hasta el momento contempla un aumento del presupuesto para el fortalecimiento de la frontera de 3.000 millones de dólares “destinado a tecnología, agentes y otros recursos”.

El objetivo es, según el texto acordado hasta ahora por los senadores que se espera se someta a enmiendas en los próximos días, que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés) “desarrolle una Estrategia Integral de Seguridad Fronteriza (…) para lograr un patrullaje persistente de la frontera y el 90 % de efectividad de aprehensiones y deportaciones en zonas fronterizas de alto riesgo”.

Sin embargo, para algunos expertos ese “fortalecimiento” es casi imposible.

“Sinceramente, me parece imposible que haya más seguridad de la que hay. Aquí tenemos 16 millas de triple barra de seguridad, detectores de movimiento, drones, faros, helicópteros que sobrevuelan… Tenemos una infraestructura impresionante de control fronterizo”, explicó a Efe María Dolores Paris, especialista del Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana (México).

“La frontera es algo que parece un mito de EE.UU. Se habla mucho de la seguridad de la frontera, pero no se sabe lo que entienden por una frontera segura. La inversión es inmensa, hay como 600 millas de muro, pero hay zonas que son imposibles de hacer”, añadió, en referencia a las más de 2.000 millas que conforman la separación entre México y Estados Unidos.

Los legisladores republicanos, incluido Marco Rubio, miembro del grupo bipartidista que ha lanzado el proyecto, insisten en que la seguridad fronteriza debe ser lo primero.

“El debate está muy, muy centrado en la seguridad fronteriza”, dijo la semana pasada el representante republicano por Luisiana John Fleming. “Es una prueba de fuego”, insistió, pese a que poco o nada ha transcendido del contenido de las negociaciones entre los miembros de la Cámara.

Una de las enmiendas al respecto que se debatirán estos días en el pleno del Senado es la presentada por el senador republicano por Texas John Cornyn, que propone instalar sistemas biométricos en todos los puertos de mar y tierra para vigilar quién sale y entra del país.

“La perspectiva de la ley, de controlar, de vigilar, toma una perspectiva, no de guerra, pero de enfrentarse casi con un enemigo”, señaló Néstor Rodríguez, profesor de sociología y especialista en asuntos migratorios de la Universidad de Texas.

Según explicó el profesor, las consecuencias de un endurecimiento de las condiciones de seguridad en la frontera puede ser contraproducentes y provocar un incremento de la criminalidad a ambos lados de la frontera.

“Cuanto más duro se pone para cruzar, los migrantes pagan más dinero y hay más competición entre los coyotes (personas que se dedican al negocio de transportar a los inmigrantes de un lado a otro de la frontera), que llegan a niveles violentos”, explicó en entrevista con Efe.

“Si la ley no especifica algo sobre cómo cuidar al migrante y reducir los abusos, la guardia fronteriza misma no lo va a hacer. El impacto de definir al inmigrante indocumentado como algo negativo tiene una consecuencia psicológica social que promueve abusos”, advirtió.

Sin embargo, tanto para Paris como para Rodríguez, el endurecimiento de la seguridad fronteriza, en la forma que sea, merecerá la pena si finalmente la reforma es aprobada.

“Lo positivo es que finalmente se haga algo, que ya vamos para veinte años y la última (reforma) no ayudó, fue la del 96 y propició las deportaciones”, concluyó Rodríguez.

El texto al que se refiere Rodríguez, la ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y Responsabilidad del Migrante, promulgada en 1996 durante el mandato de Bill Clinton, endureció el sistema migratorio estadounidense, estableciendo medidas como la de que los deportados pudiesen estar retenidos en la cárcel durante meses, incluso hasta dos años, antes de ser llevados ante un tribunal de inmigración.