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Viena muestra lo macabro de la Gran Guerra a través de la obra de Egger-Lienz

WUNI News
03/06/2014 2:33 PM
Actualizada: 03/06/2014 2:00 PM

Viena, 6 mar (EFE).- El Museo Belvedere de Viena ha rescatado, con motivo del centenario de la Primera Guerra Mundial, la obra del pintor austríaco Albin Egger-Lienz, quien plasmó en su obra el sufrimiento, la hambruna y la destrucción que acompañan a los conflictos bélicos.

La exhibición “Tontentanz” (Danza macabra), que se inaugura mañana, aprovecha el aniversario del estallido del conflicto mundial para dar “una visión global de cómo era la vida y cuáles eran las influencias de Egger-Lienz”, según declaró hoy a EFE la directora del museo, Agnes Husslein-Arco.

El eje de la muestra, abierta hasta el 9 de junio, es “Totentanz”, una obra que el artista tirolés presentó en 1908 pero en la que siguió trabajando hasta completar seis versiones hasta el año 1921.

Cuatro personajes humildes, campesinos, que marchan a la guerra dirigidos por una encarnación de la Muerte, se muestran en un lienzo cargado de simbolismo sobre los horrores de la guerra, una realidad que Egger-Lienz conoció de primera mano.

El pintor se alistó en 1915 y estuvo en el frente italiano, donde trabajó como asesor artístico. Visitó las trincheras y pintó bocetos, óleos y reproducciones para la Cruz Roja.

“(Egger-Lienz) Te hace sentir triste y te toca el alma, te hace reflexionar sobre con qué tenía que lidiar esa pobre gente, especialmente durante la guerra”, agregó Husslein-Arco.

El trabajo en el campo, las montañas y la religión católica cobran protagonismo en los cuadros de Egger-Lienz, quien consiguió transmitir las condiciones de vida de la población del Tirol, su región de origen, a través de los colores fríos y de su trazo firme.

Otras piezas de este autor relativamente desconocido, como “Los sin nombre 1914″ o “La guerra”, se suman a piezas de artistas de la talla de Otto Dix o Max Beckmann en ese recorrido por cómo la pintura de la época reflejó la crudeza de la guerra.

Según la comisaria de la exposición, Helena Pareña, el Belvedere intenta romper con los prejuicios que han rodeado desde siempre a la obra de Egger-Lienz, a quien se ha asociado tanto con el pacifismo, al interpretar sus cuadros como una crítica a la guerra, como con el movimiento nacionalsocialista.

Aunque Egger-Lienz murió antes del ascenso de los nazis al poder, el régimen se interesó profundamente por su obra, pues su estilo recuerda al de los carteles utilizados como propaganda por los regímenes totalitarios del periodo de entreguerras.

“Queremos darle a conocer más allá, enseñar que la idea que se tiene del artista es muy parcial y que tiene que ver con una percepción retrospectiva, pero no con lo que hizo en su momento”, explicó Pareña.

La comisaria matizó que, cuando el pintor plasmó “Danza Macabra”, lo hizo más con la idea de homenajear al “hombre valiente que marcha a la guerra, como algo positivo”, que para criticar el enfrentamiento.

Sin embargo, y ya con la perspectiva que da el tiempo, resulta casi inevitable entrever en la obra de Egger-Lienz una crítica al conflicto bélico y a lo que siempre conlleva: la devastación de los hogares, la hambruna y la destrucción de las familias.