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Un ser humano llamado Andreína Pinto

WUNI News
03/10/2014 11:35 AM
Actualizada: 03/10/2014 1:02 PM

Santiago de Chile, 10 mar (EFE).- Fuera de esa piscina, donde luce dura y orgullosa, la nadadora venezolana Andreína Pinto es una mujer vulnerable que suele perder el sueño y, en el silencio de su cuarto, a veces se pregunta si será tan fuerte como todos creen.

“En estos días no he dormido bien por el agotamiento, por las contracturas en los músculos. Este domingo me preguntaron si quería quedarme en el hotel y venir más tarde a la competencia porque me vieron agotada”, confiesa Pinto, quien con cinco medallas de oro será la reina de los Juegos Odesur.

Originaria de Maracay, la atleta de 22 años dio una muestra de poderío en los tres primeros días de los Odesur en los que fue por mucho la deportista más destacada al ganar las finales de 200, 400 y 800 metros libres, 200 mariposa y 400 estilos, además de sumar dos preseas de plata en los relevos 4 por 100 y 4 por 200 estilo libre.

Antes de cada prueba, Andreína dio una imagen de seguridad casi insultante para el resto de las nadadoras que la vieron como invencible, una verdad a medias porque en la vida real hasta la misma deportista dudó de su capacidad para ganar todas sus pruebas.

“No esperaba cinco de oro, pero salieron y ahora soy feliz”, aseguró Pinto, estudiante de nutrición de la Universidad de la Florida, donde se entrena bajo las órdenes del campeón olímpico surinamés Anthony Nesty y del estadounidense Greg Troy.

Andreína fue finalista de los pasados Juegos Olímpicos de Londres y terminó quinta en los Mundiales de Natación del 2013, lo cual a su edad significa que ha entrado en su momento de madurez y, con un poco más de trabajo, podrá cumplir su obsesión de ganar medalla en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Sin embargo, además de trabajar duro, la venezolana ha aprendido a desarrollar una especie de sexto sentido relacionado con la mente y que la salvó del estropicio este domingo cuando llegó agotada al estadio, pero fue capaz de ganar dos medallas de oro en 30 minutos.

“La clave estuvo en los 200 libres. Salí a darlo todo y por primera vez en mi vida bajé de dos minutos. Al ver eso me llené de felicidad y nadé los 200 mariposa tan emocionada que no sentí el cansancio”, dice.

Todavía le alcanzó para cerrar el relevo 4 por 100 y hacerlo bien para garantizar la medalla de plata a su país. “Todo esto es consecuencia del entrenamiento duro, en los Grand Prix me acostumbré a nadar varias pruebas en tres días y eso me sirve cuando compito por Venezuela”, afirma.

Es una de las deportistas más hermosas de los Juegos, esbelta y con una piel canela que hace juego con sus ojos verde claros, pero en Santiago ha cautivado más por su personalidad y por su respeto a las rivales, como demostró al vencer en los 800 metros a la chilena Kristel Kobrich y, al llegar a la meta, darle un beso.

Y es que detrás de su aparente arrogancia, Andreína Pinto es por encima de todo un simple ser humano, tan cansado, que si le piden un deseo para premiarla por sus proezas en Santiago, quizás elija tener una cama y mucho silencio para dormir por muchas horas.