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Hany Abu Asad dice que es un honor haber llevado el nombre de Palestina a los Óscar

WUNI News
03/14/2014 7:47 AM
Actualizada: 03/14/2014 11:32 AM

Jerusalén, 14 mar (EFE).- “Estar nominado es un testimonio para nuestro trabajo y para Palestina”, asegura satisfecho el director Hany Abu-Assad apenas dos semana después de que su último film, el celebrado “Omar”, rozara el Óscar como mejor película de habla no inglesa.

Enredado aún en la apretada agenda que persigue durante meses a cualquier nominado, Abu-Assad (Nazaret, 1961) comenta cuán satisfechos se sienten tanto él como su equipo por una nominación que llevó el nombre de Palestina -y no la denominación Territorios Ocupados- por primera vez a la alfombra roja y a miles de espectadores de todo el mundo.

“Nos sentíamos muy emocionados y honrados por haber sido nominados”, afirma en una entrevista a Efe, sin aparente tristeza por el hecho de que la estatuilla cayera finalmente en manos del favorito, Paolo Sorrentino y su canto a la decadencia en “La grande belleza”.

Familiarizado con el vértigo de Hollywood -dos de sus obras han sido incluidas entre las favoritas a la mayor mención que cada año se entrega en la meca del cine- es aún un artista mundano que no huye de la política, pero que pone por encima, en su vida y su cine, los sentimientos y los valores humanos.

En 2005 su controvertido largometraje “Paradise Now”, una estética historia sobre dos terroristas suicidas palestinos en plena segunda Intifada, también fue nominada en primera instancia, aunque no llegó a la gala final.

¿La clave del éxito? “Mi única intención es hacer películas que me gusten tanto a mi como al público en general”, asegura convencido.

“Mi regla es muy sencilla: si me gusta algo que a nadie más le gusta, entonces puede que lo deseche, pero nunca usaré algo que no me gusta solo porque a los demás sí. Esta es la razón por la que ‘Omar’ me satisface, satisface al público y a la crítica también”, revela el director.

En ambas películas, la fórmula narrativa es similar: Abu-Assad pone el foco en los sentimientos más humanos sobre el escenario de la realidad más pura -y cruda- de la Palestina ocupada.

“En general, los temas (de las películas) son amor, confianza, amistad y traición y cómo se comportan estos valores universales bajo las circunstancias más extremas; en este caso, la ocupación” israelí de dos millones de personas en Cisjordania.

Sin embargo, asegura, no está interesado en enviar ningún mensaje en concreto sino que busca “crear una historia que sea emocionalmente atractiva pero con espacio suficiente para una audiencia que piensa en sí misma”.

Y “Omar” no es sino eso, una mirada sobre una historia plagada de emociones vividas, padecidas, donde la amistad, el amor y la traición son percibidos como el equipaje vital que acompaña a Omar (Adam Bakri), Tarek (Eyad Hourani), Amjad (Samer Bisharat) y Nadja (Leem Lubany) en su atribulada vida.

Juntos, los tres amigos deciden reaccionar ante su entorno, ante la ocupación israelí, con un acto que marcará un punto de inflexión en sus vidas.

Con esta presentación de una sociedad, la palestina, fragmentada por un muro físico y otros intangibles -como la peligrosa atracción del “colaboracionismo” como vía de mejora de unas maltratadas condiciones de vida- Abu-Assad insiste en que su arte está más allá de cualquier denuncia.

“El cine, como cualquier arte, puede apoyar o denunciar cualquier causa y es la elección del artista que así sea o no. Para mí, el arte debe ser más complejo, mostrar todas las facetas, así como la humanidad es compleja”, reseña.

“En ‘Omar’ intenté hacer una película que pueda sobrevivir al conflicto. Cualquier conflicto finalmente muere y es importante que el arte sobre él no perezca con su fin, de otra manera, nadie recordará la historia”.

Entonces, ¿puede el cine palestino estar desvinculado de la situación política o la realidad de la región? “Sí, claro que puede, pero ¿por qué debería?”, argumenta.

María Sevillano/Javier Martín