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Quino declara que Mafalda es como un mueble que le salió bien

WUNI News
03/14/2014 2:39 PM
Actualizada: 03/14/2014 4:49 PM

Madrid, 14 mar (EFE).- Aunque se encuentra inmerso en la celebración del 50 aniversario de su “nena”, Mafalda, el ilustrador argentino Quino, a sus 82 años, ha reconocido a Efe que para él esta niña irreverente es un “dibujo más” y no ha dudado en verse como un carpintero al que le salió un “mueble lindo”.

En su casa de Madrid, y bajo la mirada sin vida de los muñecas de Mafalda que adornan la estancia principal de su vivienda madrileña, el argentino ha contado hoy que, pese a saber que hay mucha gente a la que le “fastidia” oír de su boca que su célebre niña es “uno más”, el lo “siente así”.

“Yo soy como un carpintero que fabrica un mueble, y Mafalda es un mueble que me salió bien, lindo, pero para mí sigue siendo un mueble, y yo hago esto por amor a la madera que yo trabajo”, ha expresado Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino (Mendoza, Argentina, 1932).

Aquejado de un problema de visión que le hace vivir en un “mundo que está un poco fuera de foco”, el padre de la niña más contestaría de la ilustración siente que, en la actualidad, es un “poco menos optimista” que cuando dibujaba a Mafalda con 35 años y se siente “un poco más desilusionado” al ver cómo es el mundo.

Pese a que con esta niña que odiaba la sopa a morir aportó su granito de arena a la crítica a la censura en su Argentina natal, Quino no siente que Mafalda haya sido su “mejor aliada” para decir lo que quería y “cuando quería”.

“Mi mejor aliado he sido yo mismo, porque dejé de decir muchas cosas que hubiera querido decir y no se podían decir. Desde que llegué a Buenos Aires con mi carpetita de dibujos (en 1954), me dijeron que no podía hacer dibujos sobre militares, sobre la iglesia, el divorcio, la moral. Entonces me acostumbré a dibujar las cosas que me permitían”, ha recordado.

Pero no sólo se dedicó a dibujar tiras sobre “cosas” que se le “permitían”, sino que, como ha destacado, en sus dibujos puso “mucho de su vida personal” y aplicó su visión de la actualidad para que su “nena” tuviera siempre ese halo de actualidad que la ha transportado a nuestros días.

“He copiado las escenas de cuando comía en mi casa, y eso a la gente le ha gustado, porque pocos dibujantes lo han hecho. Charly Brown me gusta mucho, pero me parece un horror que no haya adultos”, ha expresado, al tiempo que ha reconocido que “nunca pensó” que Mafalda se iba a convertir en la voz de muchas personas.

“En mi trabajo, apelaba a las noticias del día, y las cosas que escribía eran porque salían en los periódicos; el mundo era sí. Yo no dije, ‘Voy a hacer una niña contestaría’; no, salió así. Muchas veces uno dibuja cosas de las que se siente obligado”, ha concretado.

Tras esta reflexión envuelta en una sonrisa tranquila, el dibujante no ha dudado en reconocer también que cometió “errores” durante su época de ilustrador.

“Cuando era chico, en la escuela nos mandaban que hiciéramos, con el fin de tener buena caligrafía, una página de lo que se llamaban ‘palotes’; yo hice una tira con este tema -ha afirmado-, y alguien me dijo que estaba loco, porque eso ya no se usaba”.

Consciente de que Mafalda sigue siendo un personaje querido en todo el mundo, vuelve a aparecer el Quino “poco optimista” al espetar con rotundidad que “no cree” que Mafalda traspase las fronteras de la historia y “se convierta en algo parecido a la música de Mózart”.

“Habrá una temática mucho más importante que las cosas que ha dicho Mafalda. Además, aparecerán en soportes que uno no conoce”, ha expresado con un realismo exento de tristeza.

Con una vida a caballo entre Buenos Aires y Madrid, Quino, quien dejó de dibujar a Mafalda hace 41 años, tampoco puede seguir pintando, su otra pasión, por su delicada vista.

Pero esto no le impide acudir a encuentros con sus lectores, ávidos aún de sus tiras, pese a que la “nena” hace tiempo que no tiene expresiones rotundas nuevas, lectores a los que Quino quiere seguir viendo, porque así puede ponerles “cara”, ha concluido, mientras una Mafalda de madera apoyada en su mesa de trabajo parece mirarle con la devoción de una hija orgullosa.

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