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La implicación de los militares pone en riesgo la democracia en Egipto

WUNI News
03/17/2014 4:36 AM
Actualizada: 03/17/2014 12:41 PM

El Cairo, 17 mar (EFE).- Han transcurrido más de tres años desde la revolución, pero Egipto continúa inmerso en una lucha contra el antiguo régimen para encauzar el proceso democrático, amenazado también por la implicación en política de los militares.

La primera mujer en presidir un partido en Egipto, la cristiana Hala Shukralah, no solo ha roto los esquemas de la política egipcia, sino que advierte sin tapujos de los desafíos que atraviesa el país y de los intentos de algunas fuerzas por evitar el cambio.

En una entrevista con Efe, la presidenta del liberal Partido de la Constitución, que hace menos de un mes sucedió en el cargo al premio nobel de la paz Mohamed el Baradei, afirma que su grupo no respaldará la posible candidatura a las elecciones presidenciales del jefe del Ejército, Abdelfatah al Sisi.

“Aunque se quite el uniforme, (su candidatura) plantea inmediatamente preguntas sobre la implicación del Ejército en la lucha por la Presidencia, lo que hace dudar de todo el proceso democrático”, subraya Shukralah.

El “hombre fuerte” del país, que tendría que abandonar las Fuerzas Armadas para presentarse como un civil a las presidenciales, no ha anunciado oficialmente si concurrirá a esos comicios, previstos para los próximos meses, pero ha dado claras muestras de sus intenciones.

La dirigente del Partido de la Constitución, de 59 años, señala que apoyará, si lo hay, a un candidato con “antecedentes civiles y proveniente de las fuerzas que han luchado por implantar la democracia”.

Esos requisitos los cumple por ahora el izquierdista Hamdin Sabahi, tercero en las presidenciales de 2012, pero el partido fundado por El Baradei en abril de ese año todavía no ha decidido su posición sobre esa candidatura.

Pese a sus recelos hacia el estatuto castrense, Shukralah insiste en agradecer al jefe del Ejército y ministro de Defensa su papel en la destitución el pasado julio del islamista Mohamed Mursi, cuyo régimen, a su juicio, “no era democrático”.

Durante el encuentro en la sede del partido en el centro de El Cairo, esta socióloga y activista lamenta que con la actual polarización social, el rechazo a la posible candidatura de Al Sisi es entendido por algunos como un respaldo a los Hermanos Musulmanes, declarados grupo terrorista en diciembre pasado.

Shukralah considera que las fuerzas contrarrevolucionarias usan “el escudo” de las protestas del 30 de junio contra Mursi para tratar de imponer las prácticas del mandato de Hosni Mubarak (1981-2011).

“Esto complica la situación porque el pueblo está a favor del 30 de junio, que era una iniciativa popular y no un intento de reinstaurar el antiguo régimen”, afirma.

Por ello, Shukralah vaticina un “continuo estado de guerra” entre las fuerzas democráticas y el antiguo régimen: “Esperamos que la lucha sea ganada por el bando de la democracia” dice, pese a que del nuevo gobierno formado en febrero han desaparecido las pocas figuras de ese bando.

“No es el final y no hay una vuelta al pasado, pero hace falta tiempo”, reitera esta incansable luchadora, que por sus convicciones políticas fue detenida en los años 70, durante el régimen de Anwar el Sadat.

Aunque por momentos derrocha optimismo, también alerta de que las estructuras de la época de Mubarak son “muy resistentes y poderosas”, tienen dinero y tratan ahora de “tomar posiciones y reinventarse”.

Preguntada por las detenciones de los últimos meses de activistas que impulsaron la revolución contra Mubarak, como Ahmed Maher o Alaa Abdel Fatah, reconoce “intentos de reinstaurar un estado policial”.

Shukralah pierde la sonrisa cuando se aborda este tema. Preocupada por los arrestos y las torturas, insta a “depurar responsabilidades” en el Ministerio del Interior, y a cancelar la polémica ley de protestas que ha permitido esas detenciones.

La presidenta del Partido de la Constitución cuestiona si estos arrestos son “un error” o si corresponden a “una estrategia para castigar a los revolucionarios”. “Hay una represión contra cualquier crítica”, denuncia.

De cara a los siguientes pasos de la etapa transitoria, Shukralah espera que se forme una coalición de las fuerzas democráticas como “perro guardián” de las elecciones presidenciales, y una “más fuerte y unida, que llegue a acuerdos de candidatos” para las parlamentarias.

Para que esos partidos democráticos ganen apoyos frente al tradicional binomio antiguo régimen-Hermanos Musulmanes, aboga por defender los derechos del pueblo y reclamar justicia social y un salario mínimo.

“Las fuerzas democráticas, las que estuvieron involucradas realmente en la revolución, están siendo dejadas de lado”, apunta Shukralah, que se muestra sin embargo convencida de que “a largo plazo cambiará definitivamente el escenario político” de Egipto.

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