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Mahsa Ahmadi, la joven iraní que trabaja como doble de acción

WUNI News
04/07/2014 7:57 AM
Actualizada: 04/07/2014 10:49 AM

Teherán, 7 abr (EFE).- Mahsa Ahmadi se prende fuego, vuela en paracaídas, se tira desde puentes y helicópteros y se deja atropellar: es la única iraní que trabaja como doble de escenas de riesgo y pretende demostrar que todo es posible, incluso para una mujer en la República Islámica de Irán.

Con 24 años tiene un cuerpo envidiable y una cálida sonrisa que enmarca el velo con el que, siguiendo el estricto código de vestimenta del país, ha de cubrirse siempre que esté en el exterior o con hombres que no sean de su familia.

Empezó a hacer deporte a los 6 años, a los 7 ganó su primera competición infantil en gimnasia artística, que practicó hasta la edad permitida, los 18 años.

Pero meses antes del forzoso abandono ya había encontrado lo que se convertiría en su pasión profesión: un grupo de “stunt”, dobles de escenas de riesgo, cuyo director, Arsha Aghdasi, no sin muchas reticencias, se atrevió a admitir a una mujer.

“No quería mujeres porque no es fácil trabajar con ellas aquí. Tienen que ir tapadas, no puedes entrenar con ellas, está prohibido el contacto físico. Pero ella insistió, insistió e insistió”, recuerda a Efe sonriendo Aghdasi, director del grupo de doblaje de riesgo “Stunt 13″.

Hoy, de los 18 que empezaron el curso con Mahsa hace seis años, solo queda ella.

“El primer día ya me di cuenta de lo duro que era a nivel físico. Pero me encanta esta profesión. Era y es mi sueño dedicarme a ella”, explica la pionera deportista y actriz.

Además de destacar en gimnasia artística, Mahsa es cinturón negro de Whusu, campeona provincial de Kung Fu Fighting y domina otros deportes como montar a caballo, paracaidismo, parapente, natación, puenting, salto con elástico, parkour o tiro con arco a caballo.

Fue la primera mujer en Irán en hacer un salto con elástico (bungee jumping) y la primera en convertirse en entrenadora de ese deporte. También la primera y única mujer en el país que ha saltado desde un helicóptero y la primera que ha hecho paracaidismo en Irán.

“Para mi es una forma de motivar al resto de mujeres a hacer deporte y de demostrar que podemos hacer lo que queramos”, asegura.

Entiende que, para hacer lo que ella hace, es necesario “que te guste el riesgo”, aunque afirma que no lo hace por el riesgo sino “por la emoción”.

“Cuando haces alguna de estas cosas, te pierdes en tu propia emoción, no hay lugar para pensar en el miedo. Disfruto muchísimo haciendo lo que hago”, afirma.

En paracaidismo ha saltado ya 97 veces, aunque solo una de ellas en Irán.

Tiene la fortuna de tener una familia que la apoya, que nunca ha puesto límite a sus sueños y, además, se ha resignado a verla tomar riesgos.

“Ellos se preocupan, claro. Pero me dejan decidir. Nunca he tenido problemas para hacer lo que quiero”, señala.

A Stunt 13 Irán, con poca tradición de cine de acción y alrededor de un centenar de películas al año, se les queda pequeño y en varias ocasiones han salido al extranjero a trabajar.

Su más importante encargo, sin duda, fue su participación hace dos años en Turquía en la grabación de la superproducción estadounidense de “007 Skyfall”.

Mahsa aparece en la película siendo atropellada y haciendo diversas piruetas.

El grupo afirma que no recibe ninguna ayuda del Gobierno y que ha crecido, fundamentalmente, gracias a la difusión de su trabajo en internet.

Se quejan de la falta de equipos de calidad y de un lugar adecuado para entrenar. Muchas veces lo hacen al aire libre o en un teatro que les prestan cuando está desocupado.

La presencia de Mahsa complica los entrenamientos, porque hombres y mujeres no deben tocarse y, en los centros deportivos, los horarios e instalaciones para hombres y mujeres están completamente separados.

Ella sonríe enigmáticamente cuando se le pregunta cómo puede entrenar si no puede tocar a sus compañeros, y se limita a responder que el grupo “cumple con la ley” allá donde esté.

Tiene que practicar los ejercicios con pelo, brazos y piernas cubiertos y, cuando entrena en algún lugar con los chicos, debe retirarse en cuanto entra alguien ajeno al grupo.

“La parte buena”, razona “es que estando tan tapada me puedo poner más protección que si llevase una minifalda”, dice optimista.

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