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El nieto del expresidente Johnson se lamenta de que “hay quien todavía mira el color de piel”

WUNI News
04/09/2014 6:40 AM
Actualizada: 04/09/2014 10:39 AM

Austin (EEUU), 9 abr (EFE).- Su abuelo Lyndon B. Johnson, que fue presidente de Estados Unidos, firmó en 1964 la legislación que igualó a todos los estadounidenses ante la ley; él, Lyndon Nugent, cree que la igualdad total no se ha conseguido todavía.

“Hay mucha gente en este país a quien el color de piel todavía le preocupa”, dice en una entrevista con Efe.

El nieto de Johnson pasea por la biblioteca presidencial dedicada a su abuelo en Austin (Texas), donde esta semana líderes políticos, expertos académicos y activistas celebran el medio siglo de la Ley de Derechos Civiles, que prohibió la discriminación en este país por razones de raza, color, religión, sexo u origen nacional.

Es también un homenaje a la figura del demócrata Johnson (1908-1973), un texano que juró el cargo de presidente de los Estados Unidos en el avión presidencial, en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, una hora y 38 minutos después de que John F. Kennedy fuera declarado muerto.

También conocido por sus siglas, LBJ, Johnson asumió la presidencia en un ambiente tenso, después de años de protestas contra la segregación racial, y firmó la Ley de Derechos Civiles el 2 de julio de 1964, en una imagen para la posteridad en la que, justo detrás de él, Martin Luther King esboza una tímida sonrisa.

“Mi abuelo era un huracán, era fuerza, sabía cómo lograr lo que quería lograr”, cuenta medio siglo después de aquella firma su nieto, un veterano del Ejército y abogado de 46 años residente en San Antonio (Texas). “Los derechos civiles eran lo más importante para él”.

Nugent cree que fue una ley de cambios y de reconciliación con los principios del país: “Cambiamos para vivir como nuestros fundadores dijeron que somos. Somos un país donde todos hemos sido creados iguales a los ojos de Dios”, dice durante la entrevista en español.

Es justamente en la misma Texas, en el sur, en una zona fuertemente hispanohablante, donde Nugent cree que se forjó la conciencia política del trigésimo-sexto presidente del país en su trabajo como maestro.

“La pobreza en el sur de nuestro estado no podría ser imaginada hoy en día y ese fue el origen de su vida política”, recuerda.

Al abuelo le quitaba el sueño y al nieto le preocupa todavía. Más complicado que promulgar una ley, es conseguir un “efecto real en la sociedad”; y en eso todavía queda camino sin recorrer, dice.

“Espero que llegue el día en que no tengamos que mantener esta conversación. Cincuenta años después, deberíamos vivir” en una nación donde “no tuviéramos que preocuparnos por los derechos civiles”, lamenta.

Y es que, pese a la garantía legal de que no haya discriminación en este país de 316 millones de habitantes, las estadísticas reflejan cómo la población blanca tiene, de media, más ingresos, mayor acceso al bienestar, mejor nivel educativo y menor presencia en las prisiones.

Preguntado por el próximo gran avance legislativo en derechos civiles, el nieto de LBJ cree que será en asuntos vinculados al matrimonio gay o al sistema migratorio del país.

En su opinión, el sistema de inmigración no está roto, pero podría ser mejor. “Creo que tenemos los recursos para mejorarlo”.

Nugent habla español con fluidez, cuenta que lo usa a diario y que todo es gracias a su abuelo: quería que alguien en la familia hablara español y ese pequeño rubio que sale en las fotos más amables del expresidente fue “el elegido” para aprenderlo.

“Fue un abuelo increíble”, explica. De Lyndon B. Johnson dicen que era un hombre de personalidad fuerte, concienzudo, algo terco y muy ambicioso.

“La verdad es todavía peor”, bromea el nieto, que califica al presidente Johnson como un hombre muy complicado, muy alto, muy grande, y un gran hombre. “Y los grandes hombres tienen también grandes errores”.

“Para los Estados Unidos, habría sido más difícil llegar a la Ley de Derechos Civiles sin un hombre como él. En ese momento necesitábamos un hombre fuerte como mi abuelo”.

Sin embargo, admite que su presidencia -de mandato y medio- no fue perfecta, que acumuló críticas también: “Si pudiéramos regresar a 1965, claro que habría cosas que haríamos diferente. No hay duda”.

¿Por ejemplo? “Una guerra en Vietnam, el acercamiento para encontrar la mejor manera para avanzar en derechos civiles. Siempre hay cosas que podemos hacer mejor y no debemos tener miedo de expresarlo abiertamente”.

El nieto de Johnson cree que Estados Unidos es mejor que muchos países en derechos civiles, pero también peor que algunos otros.

“Hay otros países en los que los asuntos del color de tu piel no le importan a nadie. Pero hay mucha gente en este país a quien el color de la piel le preocupa todavía”, dice en 2014.