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Muti advierte de que “Europa va camino de convertirse tan solo en un museo bello”

WUNI News
04/09/2014 10:51 AM

Madrid, 9 abr (EFE).- Preocupado, muy preocupado está Riccardo Muti por las consecuencias que los recortes presupuestarios en cultura, “pan para el alma”, tendrán para el futuro de Europa, que corre el peligro de convertirse “tan solo” en un “museo bello”. “Tenemos que hacer algo para evitarlo”.

Un futuro “cada vez más próximo”, destacó Muti, quien incluso se atreve a fijar un plazo: “tres décadas”. Y es que, en su opinión, el problema no está solo en los países del sur, Italia, España, Francia, donde la tijera ha hecho ya estragos, “lo trágico -se escandaliza- es que ocurra ya también en lugares como Austria”.

El director de orquesta napolitano, una de las grandes batutas que ha dado Italia al mundo, durante casi dos décadas director musical del Teatro alla Scala de Milán (1986-2005) y actual director de la Sinfónica de Chicago, habló así hoy en Madrid en un encuentro con periodistas.

Un encuentro en el que aseguró que una cultura débil, con menos recursos económicos para fomentar la creación y el pensamiento, “nos conduce a una peor sociedad”.

En Asía países como Japón, China o Corea del Sur se han dado cuenta de ello e invierten cada día más en cultura, tan importante para Muti como la sanidad o la educación. Recortar en una, en otra o en las tres “nos hace peores”. “Es nuestra obligación defenderlas, por dignidad”, aseguró.

Riccardo Muti ha vuelto a España porque tiene un compromiso doble que le va a llevar a dirigir el “Réquiem” de Verdi primero en Toledo, este sábado en la catedral, en uno de los actos centrales de las conmemoraciones por el IV Centenario de la muerte del Greco y el lunes día 14 en el Teatro Real, al que vuelve por tercera vez en dos años.

Para esta doble aventura musical, el premiado en 2011 con el Príncipe de Asturias de las Artes, viaja a España acompañado por “su” Orquesta Giovanile Luigi Cherubini, creada por él en 2004 con jóvenes músicos italianos.

A esta se unirá la orquesta del Teatro Real, su coro y el de la Comunidad de Madrid, además de cuatro voces solistas, la soprano Tatjana Serjan, la mezzo Ekaterina Gubanova, el tenor Francesco Meli y el bajo Ildar Abdrazakov.

Muti ve diferencias radicales entre el “Réquiem” de Verdi, más humano que divino, y los de Bramhs o Bruckner, en los que, dice, “la relación con Dios es más distante. Nosotros, los latinos, italianos y españoles sobre todo, compartimos una religiosidad más humana, una relación con Dios más próxima”.

Para quien “la música une a los pueblos más que la política”, la “Messa da Requiem” de Verdi es “ante todo” religiosidad. “No es teatro”, aclaró Muti, quien la ha interpretado en teatros, templos, plazas públicas,…. sin que música ni texto pierdan sentido. “El sentimiento -aseguró- es el mismo, sea el escenario que sea”.

Bromeó Muti sobre el tiempo que ha pasado -”sigo teniendo el mismo pelo”- desde la primera vez que dirigió esta obra de Verdi, allá por 1971 del siglo pasado en la basílica de San Lorenzo de Florencia, un momento y una atmósfera “irrepetibles”, y habló de que la “vida es cambio, siempre”.

Heredero de la tradición musical de Verdi, así se reconoce, Muti no eludió hablar de ópera y de lo vivido en su país tras la marcha del gran Toscanini, “una tragedia”, porque a partir de entonces, está convencido de que el repertorio italiano -Donizetti, Rossini, Bellini, el propio Verdi,…- se ha interpretado de manera “superficial, aproximativa”.

Y ello debido “al capricho de cantantes y directores”, acusó Muti, que reivindica ahora y siempre “fidelidad” al compositor. “Como decía Verdi, el único creador es el compositor”.

El ha tratado de ser fiel a esa máxima de su querido y respetado Verdi, “un músico de futuro”. “No se trata de dirigir de manera antigua o moderna, sino inteligente o cretina”, recalca quien se siente un privilegiado por haber podido trabajar con directores de escena de la talla del gran Giorgio Strehler.

“He tenido experiencias felices, no tan felices,….y a veces hasta desastrosas”, afirmó Muti, quien recordó que se ha atrevido a decir “no” cuando no le ha gustado un montaje.

Y puso el ejemplo de una “Clemenza di Tito” que se negó a dirigir en 1991 en el Festival de Salzburgo, precisamente el espectáculo con el que el recientemente fallecido Gerard Mortier se estrenó como director de tan prestigiosa cita musical.

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