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Beber mate, el pequeño placer de los refugiados sirios

WUNI News
04/11/2014 9:25 AM
Actualizada: 04/11/2014 11:41 AM

Arsal (Líbano), 11 abr (EFE).- Lo han abandonado todo en busca de una vida más segura, pero si hay una cosa a la que los refugiados sirios en el Líbano no han renunciado es al placer de beber mate, una costumbre importada de Latinoamérica que se han llevado al exilio.

La vida está llena de estrecheces en la región libanesa de Arsal, un árido pedregal en la frontera con Siria, donde habitan miles de refugiados que han huido de la violencia en su país.

Las necesidades son múltiples entre los recién llegados y aquellos que ven que su estancia se prolonga más tiempo del deseado en las tiendas de campaña que inundan el áspero paisaje.

En medio de esta desolación, un grupo de vecinos y familiares del campamento de Abu Nur se reúne en una de las tiendas para visitar a un enfermo. Una mujer llega con una bandeja para servir café y té, y en medio de las tazas aparece una bombilla y un mate.

“En Siria nos encanta el mate, lo bebemos a todas horas, pero sobre todo por la mañana, es un placer”, explica a Efe Nader, responsable del campamento.

Esta costumbre fue traída a Siria a mediados del siglo pasado por los inmigrantes que se marcharon a Latinoamérica a trabajar y la trasladaron cuando volvieron al territorio sirio, donde pronto se extendió.

El mate no solo está presente en el Líbano de la mano de los refugiados sirios, sino también de los propios emigrantes libaneses, que cruzaron el charco y luego lo trajeron a su país, y es especialmente popular entre los drusos.

Es fácil encontrar mate en el campamento de Abu Nur, uno de las decenas de asentamientos de sirios que pueblan la zona, y en la misma ciudad de Arsal.

Según Nader, la infusión que ellos beben procede de Siria, que continúa exportando un gran número de productos al Líbano porque son más baratos, pese a que su producción se ha resentido por la guerra.

El mate es suministrado de forma gratuita a los refugiados por organizaciones locales que canalizan las donaciones de otros países árabes, como Catar y Arabia Saudí.

En la tienda de campaña, mientras algunos beben café preparado al estilo turco, otros toman la infusión. Es distinta de la consumida en Latinoamérica, ya que tiene un sabor “arabizado”: Más suave, e incluso dulzón, pese a que no le añaden azúcar.

A falta de un trabajo en el Líbano, muchos pasan el tiempo consumiendo mate, café o té, mientras tratan de recomponer sus vidas y olvidar los horrores sufridos, en medio de una existencia precaria.

Matan las horas eternas conversando sobre las últimas noticias que llegan de Siria, visitándose los unos a los otros y dándose consuelo.

Antes del inicio del conflicto en marzo de 2011, Siria era el principal importador mundial de mate argentino; de hecho, en 2009 el país árabe compró más del 70 % de las exportaciones argentinas de esta yerba, según datos oficiales.

“El mate es típico de Yabrud, de allí es la familia de (Carlos) Menem”, el expresidente argentino, afirma a Efe Mohamed, un anciano que ha venido a visitar a la familia que reside en la tienda de campaña.

Esta ciudad al norte de Damasco, que recientemente ha aparecido en los titulares de prensa por la ofensiva del Ejército sirio contra los rebeldes, alberga las principales plantas de procesamiento y empaquetado de mate en Siria, que, a falta de cultivos, compra la yerba a otros países.

Pero no solo es famosa en Yabrud, sino también en toda la región de Al Qalamún, donde se ubica esta localidad; así como en Homs y Hama, en el centro, y en las provincias costeras, como Tartús, donde es la bebida oficial; aunque también puede encontrarse en otras partes de Siria.

A diferencia de la costumbre de compartir el mate entre varios, los sirios toman el suyo individualmente.

Y es que, pese a que la infusión no es originaria de su país, la han tomado como propia y su consumo están entre los pequeños placeres diarios.

Por eso, aunque sea aquí, en el páramo de Arsal, no han renunciado a un hábito que se ha hecho sirio y que les trae recuerdos de la vida que han dejado atrás.