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El 25 de abril, la Revolución que se fraguó tras el pinchazo de una rueda

WUNI News
04/23/2014 5:51 AM

Lisboa, 23 abr (EFE).- La Revolución del 25 de abril, que supuso el fin de la dictadura en Portugal hace 40 años, fue protagonizada por un grupo de militares comandado por los oficiales Otelo Saraiva de Carvalho y Vasco Lourenço, y comenzó a fraguarse mientras cambiaban la rueda de su coche por un pinchazo.

Así lo recuerda, en una entrevista con EFE, Vasco Lourenço, hoy presidente de la Asociación 25 de Abril, creada para mantener vivo el espíritu de aquel movimiento que acabó en un abrir y cerrar de ojos con el régimen y puso la primera piedra para la democracia.

“Cuando regresábamos de una de nuestras primeras reuniones, tuvimos un pinchazo y cambiamos el neumático. Eran las dos de la madrugada, más o menos, cuando le dije a Otelo que no íbamos a solucionar nada con requerimientos y papeles, que debíamos dar un golpe de Estado y convocar elecciones. El me miró y me dijo: ‘¿Pero tú también piensas así?. ¡Ese es mi sueño!’”, relata.

De encuentros como ese entre militares surgió el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), una entidad nacida en 1973 con el objetivo oficial de “recuperar el prestigio” del Ejército entre la población y resolver algunas demandas “de tipo corporativo”.

Sorprendentemente, el MFA fue permitido por el Ejecutivo de Marcelo Caetano, heredero del dictador António de Oliveira Salazar -fallecido 4 años antes-, lo que les dejó actuar dentro de cierta legalidad.

“Esa estructura permitió organizarnos y reunirnos, no dijimos abiertamente que íbamos a conspirar contra el Gobierno y dar un golpe de Estado, aunque en el fondo el propósito era derribar el fascismo y la dictadura”, subraya Vasco Lourenço.

Los militares protestaban entonces por la guerra que libraba Portugal en varias de sus colonias, un conflicto cruento que se convirtió en la chispa que encendió la mecha de la Revolución.

A finales de febrero de 1974, todo se aceleró. La publicación de un libro del general António Spínola que defendía una solución política para las guerras coloniales puso en alerta al régimen.

Como consecuencia, Vasco Lourenço fue trasladado a las Islas Azores, situadas en medio del Atlántico, a 1.500 kilómetros de Lisboa. Y el día 16 de marzo surgió una primera tentativa de golpe de Estado liderada por afectos a Spínola, aunque acabó en fracaso.

El que había sido uno de los líderes del MFA sólo supo del “Día H” a través de un mensaje cifrado enviado por telegrama a una conocida: “Tía Aurora, sigo para los Estados Unidos de América 25.0300′. Un abrazo, primo Antonio”.

“Lo interesante venía al final, ya que me decía la fecha y la hora en la que comenzaría el golpe”, relata Vasco Lourenço.

Llegado el día, en el cuartel general de Ponta Delgada, admite haber pasado uno de los momentos más angustiosos de su vida: “Yo pensaba en qué hubiera hecho si estuviese en el lugar de Otelo, y sabía que habría ocupado una emisora de radio. Por eso me pasé la noche haciendo ‘zapping’ de una cadena a otra”.

“Primero escuché un comunicado en una emisora en el que apelaban a médicos y enfermeras a correr a los hospitales, lo que no me permitió saber si era nuestro o no (…). Pasaron unos minutos, que a mí se me hicieron horas, pararon la marcha militar y oí a los nuestros. Me volví loco”, rememora.

El hoy coronel atribuye a la experiencia de los militares en las guerras coloniales el que la llamada “Revolución de los Claveles” fuese eminentemente pacífica, sin derramamientos de sangre, a lo que también ayudó el apoyo de la población al levantamiento.

En su opinión, fue “la mejor operación militar en la historia de Portugal”. “Nadie esperaba que ocurriese eso, ni siquiera los servicios de espionaje, incluso teníamos en el país una escuadra de la OTAN”, destaca un Vasco Lourenço al que sólo se le escapa un “pero” sobre lo ocurrido 40 años atrás.

“Nuestro gran defecto fue no haber preparado bien el día siguiente (…). No haber limpiado todo el aparato creó problemas que más tarde hicieron que hoy estemos como estamos”, se lamenta.

Frecuentes son sus críticas al actual Gobierno portugués, de signo conservador, y a las políticas de austeridad de los últimos años, marcados por el programa de ajustes acordado con la UE y el FMI a cambio de su rescate financiero.

“Siento una gran desilusión, no creo en los políticos de hoy”, admite el que fuera uno de los protagonistas del 25 de abril, defensor ahora de “una nueva revolución”.

Vasco Lourenço, de 71 años, cree que quienes gobiernan hoy “actúan como si fuesen los herederos de los que perdieron” en una Revolución que, pese a todo, “valió la pena” e hizo posible un país que ahora es “completamente diferente, para mejor”.

“Si los que ocupan el poder no cambian de actitud -avisa- la ruptura acabará siendo violenta”.

Por Oscar Tomasi