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Cebrián elogia la democracia estadounidense al recibir el premio Eisenhower

WUNI News
05/09/2014 3:21 PM

Washington, 9 may (EFE).- El periodista y presidente del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, rindió hoy homenaje a la democracia de EE.UU. y a la capacidad de sus grandes líderes para colaborar por encima del partidismo, durante un acto en el que recibió el premio Eisenhower por su defensa de la libertad de expresión en España.

Cebrián elogió la figura del presidente Dwight D. Eisenhower (1953-1961), de quien dijo que fue “un hombre sabio, además de una persona honesta; uno de esos grandes líderes con los que la historia raras veces nos regala”, y destacó la “maestría” de los estadounidenses a la hora de proteger las libertades y renovar su democracia.

“Haberme visto reconocido por las instituciones que llevan el nombre de los dos triunfadores de la libertad frente al fascismo, demócrata el uno, republicano el otro, no sólo me llena de satisfacción, sino que desgraciadamente azuza mi envidia”, dijo Cebrián en referencia a la Medalla “Four Freedoms” que hace años recibió de la Fundación Roosevelt, así como al premio de hoy.

“Envidia -continuó diciendo- al ver que el uso de la libertad por los políticos de la época les llevaba a una colaboración decidida, al margen de partidismos e ideologías, en bien de su país y de la paz”.

“No se trataba de consenso como ahora se dice, sino de la fe en el sistema, de la capacidad de éste para reformarse y renovarse, y de la promesa de futuro que la democracia alberga en su seno”.

Según Cebrián, “en todas esas cosas, con las luces y sombras inevitables, los Estados Unidos han sido maestros indiscutibles y siguen constituyendo la primera democracia mundial”.

En su discurso de agradecimiento, pronunciado en la residencia del embajador en España en Washington, Cebrián aseguró que “la relación de los españoles con los EE.UU. ha estado siempre marcada por la ambigüedad y el desasosiego”.

“El desastre del 98 sirvió durante décadas como acicate de un sentimiento antiamericano, avivado más tarde por los propios franquistas partidarios de las potencias del Eje y después por la oposición de izquierdas desencantada por el apoyo de Washington al ‘generalísimo’”.

Pero en 1959, año de la histórica visita de Eisenhower a Madrid, “pese al aislamiento cultural al que estábamos sometidos, los españoles de mi edad habíamos crecido bajo el influjo del sueño americano, en gran parte gracias a la magia de Hollywood”.

“Nos educamos con toda naturalidad en un entorno que nos permitió conocer y amar el ‘American Way of Life’, su cultura y su moral”, aseguró el periodista.

“Mi relación sentimental con la figura de Einsenhower arranca en mi adolescencia y siempre tuve por él una admiración y un respeto que crecieron cuando ya en la madurez fui más consciente de la contribución que había hecho a la causa de la paz mundial y a la derrota del fascismo”, agregó.

Cebrián relató cómo el día en que Einsehower llegó a Madrid, él tenía 15 años y se lanzó a las calles como muchos miles de ciudadanos a vitorearle, mientras agitaba en sus manos una banderita estadounidense. “Es la primera bandera que he hecho ondear en mi vida y creo que aquella fue la única vez que he realizado un gesto semejante con sinceridad y con entusiasmo”.

“Naturalmente, a mí y a muchos nos hubiera gustado que el régimen franquista hubiera desaparecido antes de lo que lo hizo, pero siempre me ha parecido injusto el reproche que muchos izquierdistas de la época hicieron a las potencias occidentales por normalizar sus relaciones con España pese a la persistencia de la dictadura”.

Lo cierto es, según Cebrián, que los tratados con EE.UU. “ayudaron a dulcificar las condiciones del gueto en el que el dictador había convertido a nuestro país, permitieron paulatinamente el intercambio cultural y social entre nuestros pueblos y, en definitiva, nos ayudaron a ser un poco menos paletos”.

“Mi admiración por ‘Ike’ (apodo del general) subió de tono”, continuó Cebrián, “cuando leí su discurso de despedida tres días antes de abandonar la presidencia denunciando lo que el llamaba ‘el complejo militar-industrial’ como auténtico poder soberano no tan en la sombra”.

“Aquel era un hombre sabio además de una persona honesta, uno de esos grandes líderes con los que la historia raras veces nos regala. La Europa democrática tendrá siempre una deuda de gratitud con este militar que no solo derrotó al fascismo en nuestro suelo, sino que hizo de su gestión política una permanente contribución a la causa de la paz”.