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Los ballets de Millepied y Bausch, dos grandes citas en la Ópera de París

WUNI News
05/10/2014 11:42 AM

París, 10 may (EFE) – El estreno este sábado de un nuevo “Daphnis et Chloé” en la Ópera de París, obra de su futuro director de danza, Benjamin Millepied, y el triunfo de “Orphée et Eurydice”, otra mítica pareja griega contada por Pina Bausch en 1975, son dos de los grandes eventos coreográficos de la primavera parisiense.

Salvo su origen en la antigua Grecia y la coincidencia en la Ópera de París, todo parece separar ambas piezas.

El estreno de Millepied (1977) reviste una importancia especial porque el ex bailarín solista del New York City Ballet (NYCB) sucederá el próximo noviembre a Brigitte Lefèvre, tras décadas en el puesto que dejó vacante a su muerte, en 1993, Rudolf Nureyev.

Es además un momento esperado por ser autor de los decorados Daniel Buren (1938), uno de los artistas franceses vivos más internacionales, y marcar el debut ante un ballet de Philippe Jordan, aplaudido director musical de la casa.

Las alegrías amorosas de “Dafnis y Cloe”, que Maurice Ravel estrenó en 1912, cierran un programa que abrirá cada noche hasta el 8 de junio una nueva producción de “Le Palais de Cristal”, de Georges Bizet, con vestuario de Christian Lacroix.

Una obra que Bizet tituló a los 17 años, en 1855, “Symphonie en ut”, caída en el olvido durante casi un siglo, que Georges Balanchine coreografió en 1947 y bautizó “El Palacio de Cristal”.

El artista ruso nacionalizado estadounidense, miembro de los legendarios Ballets Rusos de Serge Diaghilev en los años 20, rendía así homenaje a la tradición francesa y al ballet de Garnier, sede histórica de la Ópera de París, donde acaba de montar tres obras suyas.

Un año después, Ballanchine introdujo la pieza en el repertorio de la compañía que acababa de fundar: el NYCB.

El dato es curioso, pues el programa en sí, construido años antes del nombramiento de Millepied, era todo un vaticinio de futuro.

Para el coreógrafo nacido en Burdeos hace 36 años, el reto empieza hoy, en la arriesgada exploración de los finalmente felices amores de los pastores Dafnis y Cloe, a quienes el dios Pan ayuda a reencontrarse.

Colocó el listón muy alto, pues aspira a “contar una historia sin caer en la pantomima”, hacer un ballet moderno sobre zapatillas de punta y mostrar los ricos contrastes y matices musicales que Ravel dio al encargo hecho en 1909 por los Ballets Rusos de Diaghilev.

El complejo ballet inspirado en la novela de Longo de Lesbos del siglo II no fue siempre un éxito inmediato. Incluso la versión decorada por Marc Chagall para Serge Lifar, en 1958, tuvo que esperar una adaptación de Georges Skibine para poder triunfar un año después.

El bailarín y coreógrafo que a los 16 años se instaló en Nueva York, celebridad mundial más allá de su arte como esposo de la actriz israelí Nathalie Portman, recibirá hoy el veredicto del público y la crítica desde el gran escenario de la Bastilla.

Garnier es, en cambio, el lugar donde desde principios de mayo y hasta el próximo día 21 “Orfeo y Eurídice” ofrecen con Bausch (1940-2009) una trágica metáfora de la condición humana, el duelo y la desesperanza, y una de sus primeras obras maestras.

Entre los hallazgos de la coreógrafa alemana destaca el desdoblamiento de los tres protagonistas principales, Orfeo, hijo del rey de Tracia, la ninfa Eurídice y Amor, interpretados simultáneamente cada uno por un bailarín y un cantante, en un decorado sumamente depurado.

La artista eligió la versión francesa de esta obra estrenada en 1770, aunque con el final infeliz de la versión italiana creada primero, en la que tras haber enternecido con su lira a las furias del infierno, Orfeo rescata de la muerte a su amada, pero en el último momento la pierde para siempre y con ella también su vida.

A juzgar por las alabanzas de la crítica y el público, esta ópera bailada de Gluck, que entró en el repertorio de la Ópera de París en 2005, sigue confirmando su éxito y su belleza.

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