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Dialogar y reformar, verbos de moda para un cambio de ciclo

WUNI News
05/14/2014 8:01 PM

Bogotá, 14 may (EFE).- Dialogar y reformar son dos verbos de moda en América Latina, donde hay abiertas conversaciones para acabar con conflictos prolongados o recientes y al mismo tiempo muchos gobiernos apuestan por hacer reformas en sus países en la idea de que el mundo vive un cambio de ciclo.

Pero ni el camino del diálogo ni el del cambio son fáciles.

Las conversaciones entre el Gobierno y la oposición venezolana para buscar una salida a la crisis abierta desde febrero, cuando estalló un movimiento de protesta al que las autoridades han respondido con dureza, se encuentran en un momento crítico por la falta de avances.

Tampoco va a la velocidad que se quisiera el diálogo que sostienen en Cuba desde finales de 2012 representantes del Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), para poner fin a un violento y sangriento conflicto de medio siglo.

En este caso el hecho de que Colombia esté prácticamente desde que comenzó 2014 en campaña electoral, pues a los comicios legislativos de febrero seguirán el 25 de mayo los presidenciales, ha influido sin duda en que todavía no se hayan abordado más que tres de los cinco puntos de la agenda.

El plazo que el presidente Juan Manuel Santos, que aspira a ser reelegido y acometer entonces diversas reformas, considera el ideal para llegar a un acuerdo es noviembre de este año.

El diálogo venezolano comenzó en abril pasado con la mediación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y ya han tenido lugar tres reuniones, que, según la canciller colombiana, María Ángela Holguín, han servido hasta ahora de “catarsis”.

Sin embargo, antes de la cuarta reunión, la oposición ha anunciado que no volverá al diálogo si no se producen “gestos” de parte del Gobierno, y entre tanto las protestas continúan.

Los estudiantes, que iniciaron las protestas, a las que luego se sumaron otros sectores, reclaman soluciones a problemas como la inseguridad, la inflación o el desabastecimiento, para lo cual, a su juicio, se necesita un cambio de rumbo en la política que ha seguido el chavismo desde 1999.

En México, el actual presidente, Enrique Peña Nieto, miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó el país casi 70 años seguidos, va a pasar a la historia como un gran reformista.

Peña Nieto, que en su campaña electoral prometió grandes reformas estructurales, ya ha transformado el marco de la política, la educación, la fiscalidad, las finanzas, las telecomunicaciones y la energía en México.

Las “reformas son necesarias, pero no aceptándolas a ciegas”, escribió esta semana en un diario el cineasta mexicano Alfonso Cuarón, ganador del Óscar a mejor director y uno de los referentes de los detractores de la reforma energética, la más cuestionada.

En Chile, con la llegada de Michelle Bachelet de nuevo al poder, se ha abierto un periodo reformista que apunta ya a la Constitución, todavía con resabios de la dictadura, la educación y los impuestos, todos ellos temas sensibles en los que hay grandes diferencias con la oposición.

En Cuba, Raúl Castro, hermano menor de Fidel Castro, el líder de la revolución cubana, ha tomado también la vía reformista, por ahora centrada casi exclusivamente en lo que se refiere a la economía y con el aviso de que no se revertirán los principios revolucionarios.

El último de estos cambios es una nueva ley de inversión que permite la entrada de capital extranjero, impensable hasta hace poco, y antes hubo una reforma migratoria que permite que los cubanos puedan salir y entrar del país con mayor libertad que antes. También ahora pueden hacer negocios por cuenta propia y comprar y vender automóviles y otros bienes, aunque todo dentro de un orden.

El presidente de Paraguay, Horacio Cartes, anunció como primeras reformas al asumir en agosto de 2013 las del sistema de salud y del penitenciario, aun no concretadas.

En Ecuador, Rafael Correa promovió un cambio constitucional importante, como hizo en Bolivia Evo Morales, y después ha reformado en casi todos los sectores, desde la justicia hasta la educación, pasando por el sistema fiscal, la comunicación y los contratos con las petroleras.

Y en Argentina, Cristina Fernández ha dado un giro sustancial a su política energética con el retiro parcial de subsidios y la nacionalización de la petrolera YPF, tras la expropiación del 51 por ciento de las acciones a la española Repsol, con el objetivo de alcanzar el autoabastecimiento y frenar la sangría de divisas que el país invierte en atender la demanda de energía.

El nuevo presidente de Costa Rica, Luis Eduardo Solís, que acaba de asumir, y el presidente electo de Panamá, Juan Carlos Varela, ganaron las elecciones con promesas de cambio.

Sin embargo, para “renovar” sus países, como dice el segundo, que promueve la redacción de una nueva Constitución, deberán dialogar y pactar con la oposición pues están muy cortos de apoyo en los respectivos legislativos.

Ana Mengotti