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Obama desata su pasión por el béisbol en su visita al Salón de la Fama

WUNI News
05/22/2014 9:43 PM
Actualizada: 05/23/2014 4:43 AM

Washington, 23 may (EFE).- Los presidentes de EE.UU. siempre han casado bien con el béisbol, un deporte que se presta fácilmente a la expresión de patriotismo, pero ninguno hasta había visitado el Salón de la Fama de ese deporte, todo un templo para los amantes del bate en el que Barack Obama dio rienda suelta a una de sus pasiones.

Fan declarado de los Medias Blancas de Chicago, Obama se convirtió en el primer presidente en visitar durante su mandato el Salón de la Fama del Béisbol en Copperstown (Nueva York), algo que otros exmandatarios han hecho antes o después de abandonar la Casa Blanca.

“No me han dejado curiosear todo lo que me habría gustado. Pero sí he podido ver la pelota que (el expresidente) William Howard Taft (1909-1913) lanzó el día que se convirtió en el primer mandatario en batear en el partido inaugural” de la temporada, explicó Obama en un discurso para promocionar el turismo desde el Salón de la Fama.

El mandatario hizo además un regalo al museo, la chaqueta que él mismo llevaba cuando hizo el primer lanzamiento en el juego All-Star de la temporada 2009, y sostuvo el bate del legendario beisbolista “Babe” Ruth, uno de los jugadores más populares de la historia.

“Amo el béisbol y Estados Unidos ama el béisbol. Sigue siendo nuestro pasatiempo nacional”, indicó Obama, que no ocultó que su parte favorita de la exposición fue la dedicada a los Medias Blancas y a “la gloria de su victoria en 2005″ en las Grandes Ligas.

Obama no es el único presidente en mostrar devoción por el béisbol: su predecesor, George W. Bush, llegó a ser uno de los principales accionistas de los Vigilantes de Texas; mientras que el padre de éste, George H. W. Bush, era conocido por su destreza como jugador en el equipo de la Universidad de Yale.

Pero quizá el exmandatario más apasionado por el deporte fue Richard Nixon (1969-1974) que, en pleno comienzo del escándalo de Watergate, llegó a recluirse unos días en la residencia presidencial de Camp David con el único objetivo de elaborar una lista con sus jugadores favoritos de béisbol de todos los tiempos.

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