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“¡Esto con Mubarak no pasaba!”

WUNI News
05/23/2014 4:01 AM

El Cairo, 23 may (EFE).- A pocos días de los comicios que elegirán al tercer presidente de Egipto en los últimos tres años, un número creciente de egipcios añoran la situación, pobre pero estable, en la que vivían bajo el régimen de Hosni Mubarak.

La seguridad en las calles y la precaria estabilidad económica durante los treinta años con el antiguo “raís” (1981-2011) se alejan de la crisis total en la que sobreviven a día de hoy ante la visible ausencia del turismo, la subida de los precios y el aumento de la delincuencia.

Ese cambio en la sociedad, se produce principalmente por la “falta de eficacia” del Ministerio de Interior, según el investigador y sociólogo egipcio, Ahmed Jir.

“Interior redujo los esfuerzos administrativos para atender a los ciudadanos, para centrarse ahora en lo que llaman lucha contra el terrorismo. Sus funcionarios no atienden ni hacen su trabajo como antes, lo que crea una sensación de inseguridad”, explica Jir.

La clase media y baja es la que más tiene esa percepción de inestabilidad en el país, asegura a Efe este sociólogo.

Para Jir, la gente no se arrepiente de la revolución que derrocó a Mubarak, en febrero de 2011, pero reconoce que es cierto que se vivía de un modo más seguro, que permitía estabilidad en la oferta y la demanda.

“Yo llevo aquí trece años y no recuerdo haber visto una situación así. Los egipcios eran gente hospitalaria, humilde, el país siempre estaba lleno de turistas y la seguridad era absoluta”, recuerda Ao Kanji, una fisioterapeuta china en el adinerado barrio cairota de Zamalek.

No obstante, lamenta que hoy “todo el mundo te intenta timar y los pocos extranjeros que quedan en el país son euro-dólares andantes”, explica la médico, que relata cómo hace poco un taxista le había intentado cobrar cuatro veces más caro el precio del trayecto que toma a diario, algo que “no pasaba antes”.

La fisioterapeuta es un ejemplo de la clase acomodada en Egipto, pero los más pobres tienen un sentimiento de decepción con la revolución mucho más fuerte aún.

“Cuando estaba Mubarak, yo ganaba mínimo 800 o 900 libras (80 o 90 euros) diarias y trabajando sólo medio día. En cambio ahora, son las tres de la tarde y no tengo ni 200 libras (20 euros)”, rememora el taxista egipcio Mohamed Flabsi.

Esa es la percepción predominante en la calle, mientras el protagonista, Mubarak, observa la evolución de la situación desde la habitación del hospital militar del cairota barrio de Maadi, donde ha estado en los últimos meses bajo arresto domiciliario para seguir tratamiento médico.

Al tiempo, prosiguen los procesos judiciales abiertos contra él por la muerte de manifestantes en 2011 y por diversos delitos económicos, por uno de los cuales fue condenado esta misma semana a tres años de prisión.

El pasado 4 de mayo, saludó desde la ventana del hospital a sus seguidores con motivo del día de su cumpleaños y después de haber pedido a los egipcios, según su defensa, que voten al exministro de Defensa Abdel Fatah al Sisi, en las presidenciales previstas para los próximos lunes y martes.

La revolución que derrocó a Mubarak le costó a Egipto al menos 1.075 vidas y grandes pérdidas económicas, que han llevado al país a una delicada situación provocada por la caída de la inversión directa extranjera, del turismo y de las reservas internacionales.

Egipto celebró elecciones presidenciales el 30 de junio de 2012, las primeras tras la caída de Mubarak y en las que ganó el islamista Mohamed Mursi, pero su gobierno solo duró un año, hasta que el pasado 3 de julio fue apartado del poder por los militares.

Desde entonces, miles de personas, la mayoría civiles, han muerto en actos de violencia y terrorismo.

El pasado enero, las principales ONG egipcias denunciaron la fuerte represión de protestas pacíficas y la violación de derechos humanos, situando al país “peor que en la época de Hosni Mubarak”.

Ahora mismo, pocos saben si la revolución le ha valido la pena a Egipto, pero muchos coinciden en que la estabilidad, la seguridad y el constante turismo que había con Mubarak les hacen añorar aquellos tiempos. Imane Rachidi