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Una huelga eterna lleva la desesperación a las minas de platino en Sudáfrica

WUNI News
05/23/2014 4:59 AM
Actualizada: 05/23/2014 3:11 AM

Marikana (Sudáfrica), 23 may (EFE).- Más de cuatro meses de huelga por mejoras salariales han puesto al borde de la desesperación al siempre volátil cinturón del platino sudafricano, donde las empresas mineras pierden cada día millones de dólares y trabajadores y familiares luchan por sobrevivir sin sus sueldos.

Una calma frágil sustituye al habitual trasiego de mineros a la hora del cambio de turno en los alrededores de la mina de la compañía Lonmin en Marikana, una de las tres explotaciones afectadas por el paro y donde 34 trabajadores murieron por disparos de la Policía durante una protesta ilegal en agosto de 2012.

Cinco guardias de seguridad armados montan guardia con cara de pocos amigos frente a las alambradas que protegen las instalaciones del gigante del platino frente los huelguistas, unos 70.000 militantes del Sindicato de la Asociación de Mineros y de la Construcción (AMCU, en sus siglas en inglés).

Los huelguistas dejaron de bajar a las minas en enero pasado, reclamando un sueldo mínimo de 12.500 rands (cerca de 850 euros).

Esta cantidad dobla el sueldo básico actual y es considerada inasumible por la patronal, que ofreció este abril una subida del 10 por ciento y llegar al salario que exige AMCU en 2017, propuesta que no fue aceptada por el sindicato.

“No podemos vivir tampoco con lo que ganamos, son sueldos ridículos para el riesgo que corremos ahí abajo y no volveremos por una limosna”, dice a Efe Zingisa Mzendana, minero y representante de AMCU -sindicato mayoritario en el sector- en la explotación de Lonmin, quien gana limpios 350 euros al mes.

“Todos estamos sufriendo después de cuatro meses sin cobrar, pero no podemos tirar la toalla ahora”, reconoce Mzendana, que, como muchos otros muchos mineros, ve pasar las horas sentado en las calles del pueblo de Wonderkop, en el corazón del cinturón del platino y cerca de Marikana.

En la misma calle, tiene su colmado el pakistaní Mohamed Amjedi, que confiesa haber perdido el 80 por ciento de las ventas y se queja del incremento de la criminalidad en una comunidad que vive casi exclusivamente de la minería.

“Mucha gente viene a pedir comida e intento ayudarles, pero, desde que empezó el año, aún no he enviado dinero a mi familia en Pakistán”, cuenta a Efe Amjedi, quien muestra su esperanza de que la intervención del Tribunal Laboral, mediador en la disputa, desatasque las conversaciones entre sindicatos y patronal.

Las consecuencias del paro llegan también a la provincia sudafricana del Cabo Oriental y a países como Lesoto o Mozambique, lugares de procedencia de muchos de los mineros de Marikana, en los que comunidades enteras han visto secarse su grifo de ingresos desde que los trabajadores del platino dejaron de cobrar en febrero.

La tensión se disparó la semana pasada en Marikana -situada a unos 130 kilómetros de Johannesburgo-, al conocerse que Lonmin había contactado directamente a los trabajadores a través de mensajes de texto para pedirles que volvieran a sus puestos.

Según la empresa -afectada por la huelga junto a las firmas Amplats e Impala-, que ha denunciado casos de intimidación a quienes no quieren secundar el paro, un 60 por ciento de los empleados deseaba volver al trabajo.

AMCU acusó a Lonmin de actuar de forma incorrecta y mentir, al tiempo que respondió con varias demostraciones de fuerza en la zona, donde la mayoría de los mineros viven en insalubres poblados chabolistas.

Cinco mineros del sindicato rival Unión Nacional de Mineros (NUM, en sus siglas en inglés), que no apoya la huelga, fueron asesinados este mes cuando se dirigían a sus puestos de trabajo, lo que obligó a todos sus afiliados a quedarse en casa al no poder garantizar las empresas y la Policía su seguridad.

Las muertes violentas son una constante en Marikana y sus alrededores desde que más de 40 personas -incluidos los 34 mineros fallecidos a manos de las fuerzas de seguridad- murieran en la convulsa temporada de huelgas de 2012.

Varios sindicalistas de AMCU y NUM -que han librado una cruenta guerra por el control del sector- y testigos de la comisión oficial que investiga la matanza de mineros a manos de la Policía en 2012 han sido acribillados a balas en los últimos meses, sin que sus muertes ocupen ni siquiera las portadas de la prensa sudafricana.

Aunque todos los mineros contactados por Efe declararon estar a favor de continuar la huelga, algunos familiares de los trabajadores admitieron temer por la vida de sus maridos, padres o hijos si regresan a las explotaciones antes del final del paro.

A pocos metros de la tienda de comestibles del paquistaní Amjedi, Evelyn Mmekwa ha abierto en el patio de su casa un comedor que ofrece dos raciones al día a más de 300 huelguistas y familiares.

“Decidí abrirlo hace cuatro semanas, al ver a una mujer desfallecer en la calle por el hambre”, relata a Efe Mmekwa, esposa de un reverendo de la Iglesia de Cristo, que utiliza para comprar los alimentos sus ahorros y la pensión de su marido, y además recibe donaciones de las localidades circundantes.

Junto a Mmekwa, sirven a los comensales voluntarios como Mary Moekwa, operadora de locomotoras en la mina y también en huelga.

Pese a las duras condiciones en que trabaja en el subsuelo, Moekwa espera que los líderes sindicales no acepten un salario mínimo de menos de 10.000 rands (unos 700 euros).

“Todos queremos regresar a las minas -comenta a Efe Moekwa-, pero no por un dinero con el que no podemos ni pagar los estudios de nuestros hijos y ni comer sin endeudarnos”.