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Mitos, mentiras y medias verdades en torno a las elecciones europeas

WUNI News
05/24/2014 5:30 AM

Bruselas, 24 may (EFE).- Las campañas electorales de cara a los comicios europeos que terminan mañana en la UE han sido, como ocurre con las nacionales, un cruce de datos y afirmaciones entre los candidatos por ganarse la confianza de los votantes, y que a menudo han contenido falsedades, errores y medias verdades.

“Los políticos necesitan atraer a los votantes con mensajes cortos que calen enseguida y que tengan alta repercusión en la prensa, por lo que en ocasiones tienden a usar mitos o medias verdades y a veces tampoco se informan bien antes de exponerse públicamente”, explicó hoy a Efe la investigadora del European Policy Center Sonia Piedrafita.

Pero, ¿mienten o se equivocan más los políticos de derechas o de izquierdas, los europeístas o los euroescépticos?.

En realidad, los mitos se reparten a lo largo de todo el espectro político, aunque los antieuropeistas son los que “tienden a usar un lenguaje más extremo”, según Pietro Curatolo, de FactcheckEU, un portal dedicado a analizar la veracidad de las declaraciones de los políticos de cara a las europeas.

“En esta campaña se han dicho algunos disparates que muestran un gran desconocimiento de la Unión Europea o un intento manifiesto de manipular al ciudadano, especialmente en el caso de partidos populistas”, coincide Piedrafita.

Por ejemplo, FactcheckUE desmonta la “mentira descabellada” del líder italiano del movimiento Cinco Estrellas, Beppe Grillo, sobre que un tercio del presupuesto comunitario se va en traducciones, o la del xenófobo holandés Geert Wilders sobre que sus compatriotas son los mayores contribuyentes a las arcas comunitarias.

El mito más común es que entre el 70 y el 80 % de la legislación nacional deriva directamente de decisiones de Bruselas, un mantra al que recurren tanto euroescépticos del peso del británico Nigel Farage o la francesa Marine Le Pen, como de los que quieren poner de relieve la importancia de Europa.

Ese tipo de datos se han usado también en la campaña electoral europea en España por parte de algunos de los líderes populares, dice la organización.

FactcheckEU recuerda que los datos más recientes disponibles muestran que en realidad desde que España entró en la Unión en 1986 hasta 2007, solo un 35 % de la legislación nacional adoptada provenía de Bruselas.

También desmiente que algunos gobiernos europeos tengan más ministros que los 28 comisarios que se sientan en el Ejecutivo europeo, tal como dijo el socialista Martin Schulz, y que la austeridad cause un aumento de la mortalidad infantil en Grecia, como apuntó la colíder de los Verdes, Ska Keller.

Pese a esto, Curatolo señala que, en general, los candidatos a presidir la Comisión Europea (CE) han estado “bastante bien” durante la campaña electoral, aunque en España hayan pasado “casi desapercibidos”, según Piedrafita.

Otro mito que sobrevuela las elecciones europeas es el que relaciona la alta abstención con la falta de conocimiento de los ciudadanos sobre lo que hace el PE, según el centro de estudios Open Europe.

En cambio, la alta abstención no es una amenaza abstracta, sino una realidad palpable, hasta el punto de que esa ausencia ciudadana de lar urnas ha sido “el partido político más votado” en Europa en las últimas elecciones comunitarias, en palabras de Grillo.

Open Europe también señala como verdadera otra de las ideas que han tomado mayor fuerza en el debate electoral: que el Partido Popular Europeo y los Socialistas y Demócratas votaron lo mismo en el 74% de los casos durante el periodo legislativo 2009-2014.

Por ello, el centro de estudios apunta que es de esperar que pese a los esfuerzos de los candidatos por diferenciarse, al final ambos grupos políticos votarán juntos la mayoría de las veces, aunque tanto Piedrafrita como Ignacio Torreblanca, del Consejo Europeo de Relaciones, discrepan.

“Pese a que Schulz y (el candidato popular Jean-Claude) Juncker se parezcan un poco, no son iguales”, dijo a Efe Torreblanca, quien apunta a que las votaciones en las que socialistas y conservadores no coincidieron fueron en cuestiones tan delicadas como el aborto, la energía nuclear o los transgénicos.

Que coincidan “no significa que sean lo mismo y que defiendan lo mismo en el curso de las negociaciones. En función de su ideología defienden, prefieren o se oponen a unas u otras medidas, aunque al final haya incentivos para que intenten encontrar un denominador común”, añade Piedrafita.