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La ONU condena la violencia en Bangui y pide que milicias depongan las armas

WUNI News
05/30/2014 7:40 PM

Naciones Unidas, 30 may (EFE).- El Consejo de Seguridad de la ONU condenó hoy la violencia de los últimos días en Bangui, la capital de la República Centroafricana, y pidió a todas las milicias que depongan las armas.

En un comunicado, los miembros del máximo órgano de decisión de Naciones Unidas lamentaron el ataque contra una iglesia de la ciudad que dejó al menos 17 muertos el pasado miércoles, así como otros episodios violentos y la destrucción ayer de una de las últimas mezquitas de Bangui.

El Consejo exigió a los grupos armados el fin “inmediato” de “todas las formas de violencia y de actividades desestabilizadoras” y urgió a las autoridades centroafricanas a tomar medidas para proteger a la población.

Además, subrayó la necesidad de “terminar con la impunidad” en el país y pidió a las autoridades que tomen medidas “inmediatas y concretas” para asegurar que los responsables de crímenes sean juzgados.

Los miembros del Consejo de Seguridad también llamaron a acelerar el proceso de reconciliación nacional y pidieron a la comunidad internacional un incremento de las contribuciones a la misión de la Unión Africana sobre el terreno (MISCA), que en septiembre cederá el testigo a una operación de Naciones Unidas.

La República Centroafricana sufre una espiral de violencia protagonizada por milicias musulmanas, partidarias del exgrupo rebelde Séléka, y cristianas, las denominadas “Anti-Balaka”, desde el pasado diciembre.

La coalición Séléka, compuesta por cuatro grupos rebeldes, se alzó en armas en el norte del país en diciembre de 2012 al considerar que el entonces presidente, François Bozizé, no había respetado los acuerdos de paz firmados en 2007.

La capital, Bangui, fue tomada en marzo de 2013 por la entonces coalición rebelde Séléka, que asumió el poder en el país tras la huida del derrocado Bozizé.

Al final del pasado año, las milicias cristianas “Anti-Balaka” se alzaron contra los partidarios de Séléka, y contra la población musulmana en general, en represalia por los abusos cometidos por los rebeldes durante los meses que estuvieron en el poder.

Un frágil Gobierno de transición controla formalmente el país desde el pasado mes de enero.