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Fútbol | Latinoamérica

Porto Alegre, lucha contrarreloj para terminar todas las obras

WUNI News
06/08/2014 1:37 PM
Actualizada: 06/08/2014 1:30 PM

Porto Alegre, 8 jun (EFE).- A un día de que Ecuador aterrice en Porto Alegre y a falta de una semana para que se dispute el primer partido del Mundial en la ciudad, la capital del estado de Río Grande do Sul aún trabaja contrarreloj para terminar las obras relacionadas con el torneo más importante del mundo del fútbol.

Carriles de bicicleta sin terminar, aparcamientos sin asfaltar, zonas de aficionados con su esqueleto incompleto, aceras sin empedrar o medianas sin construir, son algunos de las imágenes que se pueden captar en Porto Alegre cuando quedan escasas jornadas para que empiece el Mundial de Brasil.

Su estadio, el Beíra-Río del Internacional de Porto Alegre, la joya de la corona del proyecto, está terminado. Fue remodelado y costó 159 millones de dólares. Se inauguró el 20 de febrero, con la presencia de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que acudió al reestreno del campo de fútbol.

Pero no es oro todo lo que reluce aunque el recinto que albergará cinco partidos esté concluido. Se han mejorado los accesos, se han construido puntos de venta de alimentos en todo el estadio y, sobre todo, se ha revestido con un techo metálico que protege a todos los espectadores del calor y del frío. Sin embargo, muchas cosas que rodean al feudo del Internacional de Porto Alegre no están terminadas.

Basta con darse un paseo por los alrededores del estadio para comprobar que faltan mucho para concluir las obras. El primer partido, un Francia-Honduras el 15 de junio, está al caer y no se han culminado los trabajos. Los obreros trabajan a toda velocidad para finalizar una sede que a punto estuvo de caerse de la lista por algunos retrasos y por problemas de financiación.

En el propio estadio, el aparcamiento presenta un estado algo preocupante. Barro y tierra se acumulan donde tendría que haber asfalto mientras los operarios tratan de luchar contra el tiempo.

Los accesos al recinto, desde Porto Alegre, presentan algunas carencias. Un carril para bicicletas que debería adornar todo el paseo junto al río Guaíba está incompleto en algunos tramos. Faltan trozos de la línea roja que une el estadio con el centro de la urbe.

Tampoco está terminada la zona en la que los aficionados podrán reunirse antes y después de los partidos. Decenas de obreros se enredan entre postes metálicos para unir como un puzzle las estructuras. “Esto estará terminado a tiempo”, asegura uno de ellos a Efe.

Y las aceras presentan un estado inquietante. Socavones, baches, barro y losetas a medio colocar están a la vista en los aledaños del estadio. En igual estado se encuentra una parte de la mediana de la carretera que conduce al estadio. No está completa. Hay mucho trabajo por hacer.

En la zona de los medios de comunicación del estadio, ya utilizable y con los voluntarios en su interior, uno de ellos, que no quiere dar su nombre, lamenta la falta de tiempo y de previsión: “No sé si va a estar todo terminado. El estadio está listo, pero lo que hay fuera y alrededor, se nota y se ve que aún necesita un último empujón. Puede que no lleguemos”, explica.

Mientras, en la ciudad, algunos de los protagonistas, los menos importantes, se preparan. Los enviados especiales de los medios de comunicación comienzan a acreditarse. Como el ejercito, que colaborará en labores de seguridad y cada uno de sus miembros también tendrá su tarjeta identificativa oficial del Mundial.

Las paredes de las casas y edificios de Porto Alegre tratan de engalanarse para la ocasión. Las banderas viejas son sustituidas por otras relucientes. En bares, restaurantes y negocios, los colores de Brasil son visibles. Los hoteles, según explican a Efe algunos consultados, tienen mayor clientela de la habitual. Algunos camareros trabajan con el uniforme de su selección.

También ha aumentado la presencia de seguridad en las calles. La policía se hace notar y todo parece preparado para que Porto Alegre arrope al Mundial de Brasil. Todo menos algunas obras del exterior del estadio Beíra-Río, que aún no brillan como debería. Ecuador, único equipo que entrenará por la zona, en un complejo de lujo en la localidad de Viamao, llega mañana a una ciudad que no ha hecho todos sus deberes.