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Los museos “crecen” en Nueva York

WUNI News
06/14/2014 8:40 AM

Nueva York, 14 jun (EFE).- Tres de los museos más renombrados de Nueva York, el MoMA, el Whitney y la Frick Collection, han decidido trasladar, ampliar o renovar sus sedes en busca de un mayor espacio para dar visibilidad a sus respectivas colecciones y buscando ser más atractivos para el visitante.

El MoMA absorberá el edificio contiguo, anteriormente dedicado al American Folk Art Museum, y ganará más de 3.700 metros cuadrados. El Whitney deja su sede en la avenida Madison para irse al edificio de Renzo Piano a los pies del High Line y triplica el espacio para su colección permanente. Y la Frick Collection abre la segunda planta de su edificio en la Quinta Avenida e inaugurará azotea, ganando también 3.900 metros cuadrados.

Pero, ¿por qué los museos “crecen” en Nueva York?. “La colección del MoMA ha crecido significativamente en la última década y la oferta del museo crecerá en proporción”, explicaba en su momento el director de la institución, Glenn D. Lowry, lo cual se debe a la “historia siempre en expansión del arte moderno y contemporáneo”, aunque el proyecto sigue sin concretar fecha.

“Tenemos que ir adonde demos el mejor espacio para el arte y los artistas”, aseguraba por su parte el director del museo Whitney de arte estadounidense, Adam D. Weinberg, y una de sus comisarias, Barbara Haskell, aseguraba entre bromas que “es casi una vergüenza, un escándalo que tuviéramos tantos cuadros en el almacén”, algo que se solucionará en la primavera de 2015.

Y la Frick Collection, que siempre tuvo la fama de ser un museo escueto e íntimo, casi se justifica y esta misma semana, al presentar su proyecto de ampliación señalaba que la nueva ampliación (que se realizará de 2017 a 2020) promete “preservar la experiencia íntima del visitante en la mansión que han deslumbrado a los amantes del arte durante más de ocho décadas”.

En el MoMA, las nuevas adquisiciones que justifican la ampliación (algunas de las cuales son objeto de una exposición estos días en su edificio de la calle 53) incluyen obras de Louise Bourgeois, Lygia Clark, Steve McQueen, Gerhard Richter o Richard Serra, así como los archivos del arquitecto Frank Lloyd Wright.

En el Whitney han abierto 1.200 metros cuadrados de terrazas en el nuevo edificio para hacer hueco a esculturas e instalaciones contemporáneas, así como una sala exclusiva para performances, disciplina cada vez más presente en los grandes museos, aunque su primera exposición será, simplemente, una recolocación inteligente de su colección de siempre dentro del estudio de la luz y el espacio de Piano.

Y en la Frick Collection, con el proyecto de Davis Brody Bond se podrán ver lo que eran las estancias privadas de Henry Clay Frick, se ampliará la biblioteca y las estancias para formación y competirán en azotea con su vecino de la Quinta Avenida, el museo Metropolitano.

Además, se dará mayor flexibilidad a sus exposiciones temporales, que en los últimos meses, como en el caso de la de Vermeer, han convocado interminables colas.

Los tres cambios han levantado suspicacias en la comunidad artística o, lo que es peor, entre la comunidad de vecinos. El MoMA por ocupar un edificio contiguo que había sido premiado por su diseño, lo que le granjeó críticas que el New York Times resumió en un demoledor (nunca mejor dicho) titular: “El museo con corazón de bulldozer”.

“El MoMA no está añadiendo el edificio del antiguo American Folk Art Museum a su futuro edificio, sino que el sitio en el que ese edificio ahora se haya será parte de la expansión una vez el edificio sea deconstruido y no esté en ese lugar”, aclaran desde el museo respecto al proyecto de Diller Scofidio & Renfro.

La Frick Collection ha preocupado al barrio del Upper East Side por si las nuevas estructuras entorpezcan la privilegiada vista de algunos bloques de edificios a Central Park, aunque los arquitectos han asegurado que han “abordado este proyecto con respeto reverencial hacia la mansión Frick tal como fue construida en 1913-14 y a los añadidos de 1935″.

Y, por último, desde el Whitney, cuya sede actual será ocupada por el Metropolitan Museum of Art, recordaron para los más nostálgicos que no es la primera vez que la institución que atesora cuadros de Edward Hopper o Georgia O’Keeffe cambia de sede y se sitúa en el bajo Manhattan y que, en definitiva, “el museo es una idea, no un lugar”.

Mateo Sancho Cardiel.

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