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Bjorn Lomborg, una mirada pragmática a los objetivos del desarrollo

WUNI News
06/22/2014 5:30 PM

Naciones Unidas, 22 jun (EFE).- Sus controvertidas posturas lo convirtieron en el “enfant terrible” del cambio climático, pero ahora el economista danés Bjorn Lomborg centra sus esfuerzos en tratar de que los objetivos de desarrollo que la ONU fijará para los próximos 15 años sean lo más eficientes posibles.

De nuevo con un enfoque no exento de polémica, Lomborg y un grupo de economistas han calculado la relación costo-beneficio de unas 100 metas que se están barajando para suceder a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Su objetivo, impulsar aquellas acciones que puedan lograr más con menos, explica en una entrevista con Efe.

“Es muy fácil aparecer como un cínico. (…) Esto puede parecer frío, pero lo sería mucho más no tener este debate”, reconoce Lomborg sobre su enfoque economicista.

El Consenso de Copenhague, el “think tank” fundado y presidido por Lomborg, trabaja con una lista en la que cataloga desde “fenomenal” a “pobre” cada uno de los objetivos que están sobre la mesa de cara a la agenda de desarrollo post-2015.

“Estamos tratando de poner precios y porciones en el gran menú del mundo para los próximos 15 años”, explica el economista haciendo una analogía con la carta de un restaurante.

Según Lomborg, todas las metas que se están planteando son “bienintencionadas”, pero difieren mucho en cuanto a su efectividad.

¿Y qué áreas de actuación aparecen en lo más alto de su clasificación? “Hay algunas inversiones muy buenas. Por ejemplo, los anticonceptivos y los derechos reproductivos para las mujeres”, señala en primer lugar.

El control de la natalidad ofrece, dice, mejores oportunidades educativas para la mujer, facilita su participación en el mercado laboral y permite a los países en desarrollo un gran crecimiento económico, siguiendo el ejemplo chino.

“Pocos niños, muchas personas trabajando y pocos ancianos. Básicamente eso supone 20 o 30 años de gran crecimiento. Obviamente la ralentización va a llegar a China pronto, porque tendrá muchos ancianos y pocos jóvenes, pero estarán mucho mejor”, explica.

Todo eso se traduce en beneficios para el mundo. Según el Consenso de Copenhague, por cada dólar invertido en mejorar el acceso a la planificación familiar el retorno será de unos 150 dólares.

Lomborg puntualiza que esos beneficios no se miden solo en dinero, sino que representan los progresos en materia de bienestar, salud o medioambiente.

¿Otros hallazgos de la investigación? Resultaría extremadamente eficiente invertir en nutrición infantil, según el economista danés.

Si llevar a millones de niños a las escuelas ha sido uno de los grandes logros de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, hay consenso en que mejorar su educación debe ser una de las metas de los próximos años, pero resulta muy difícil medir e impulsar esas mejoras, y por ello él defiende apostar por la nutrición.

“Si nutres mejor a los niños pequeños, desarrollarán mejores cerebros y estarán más tiempo en la escuela, aprenderán más”, incluso si el colegio sigue siendo malo.

Y lo mismo pasa en la lucha contra algunas de las grandes enfermedades. Lomborg compara la malaria y el VIH para ilustrar su punto: “por cada 10.000 dólares que gastamos podemos salvar a 10 personas de la malaria o a una del VIH”.

“Eso nos hace sentir incómodos a todos, porque de alguna forma queremos creer que salvamos a todos. Pero no lo hacemos”, señala.

Lomborg, que saltó a la fama con su libro “El ambientalista escéptico” y que fue denunciado por “deshonestidad científica” en sus textos, considera que es necesario reducir las emisiones de CO2, pero no lo ve como una prioridad a corto plazo.

Por ejemplo, se opone a la idea de incluir como un objetivo el doblar la proporción de energías renovables en el mundo, pues considera que eso condenaría a la pobreza a millones de personas.

“Lo que África necesita es mucha más energía”, recuerda, subrayando además que para las comunidades más pobres sigue siendo un gran problema la contaminación del aire dentro de sus hogares al utilizar fuego para todo en lugar de electricidad.

Lomborg, que ha sido criticado duramente por grupos ecologistas, apuesta a corto plazo por el gas natural y el llamado “fracking” (estimulación hidráulica), y por invertir mientras en investigación para hacer las energías renovables más competitivas.

En conjunto, el economista aboga por centrar la nueva agenda de desarrollo en un pequeño número de objetivos claros y sencillos, como los aprobados en el año 2000, que en su opinión fueron “increíblemente exitosos”.

También fueron, recuerda, “increíblemente poco democráticos”, pues en su elaboración participaron sólo unos cuantos funcionarios de las Naciones Unidas.

En esta ocasión, el debate se ha ampliado y Lomborg considera natural que todo el mundo quiera ver incluida su área de actuación entre las metas, pues eso le garantizará miles de millones en ayudas al desarrollo. Pero ello conlleva dificultades a la hora de elegir las mejores opciones, puntualiza.

“Este no va a ser un documento perfecto. (…) Pero si podemos dejar fuera un mal objetivo e introducir uno bueno, estaremos ayudando al mundo por valor de miles de millones de dólares”, concluye.