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“Amazon Source 96″ o el mayordomo, el alcohol y el termómetro que murió

WUNI News
07/03/2014 1:40 PM

Lima, 3 jul (EFE).- Toda investigación científica metódica está basada en datos empíricos, mediciones exactas y sentencias irrefutables, pero quienes las efectúan son seres humanos, con sus necesidades y sus problemas, con sus inquietudes y sus búsquedas de soluciones.

La aventura que emprendieron en 1996 ocho científicos en busca de la fuente originaria del río Amazonas, bautizada como “Amazon Source 96″, quedó anclada en los libros de geografía como la expedición que logró exactamente eso: situar el punto exacto en que nace “la gran serpiente”, como la denomina el escritor colombiano William Ospina en su novela “El país de la canela”.

Pero, más allá del ámbito puramente científico, el polaco Jacek Palkiewicz, líder de la expedición; los peruanos Zaniel Novoa, Raúl Rojas, Guillermo Faura y Juan Luis Tord; los rusos Sergei Ushnurtsev y Rima Chajrudinova y el italiano Renzo Grego, eran personas y, durante 17 días, debieron convivir en situaciones complicadas.

“Hicimos un gran grupo humano. Eso ha sido bueno para los fines de la expedición”, explicó Zaniel Novoa, hoy presidente de la Sociedad Geográfica de Lima, durante un encuentro en la capital peruana con la prensa que cubre la Ruta BBVA, entre la que se encuentra Efe.

Novoa relató los detalles de la expedición al nevado Quehuisha, que transcurrió entre el 3 y el 18 de julio de 1996, con unos días previos de aclimatación a la altura en Arequipa, y contó anécdotas tan curiosas como la presencia de un mayordomo, la ingesta de alcohol para combatir el frío o la “muerte” de un termómetro.

En aquel momento, quien presidía la Sociedad Geográfica era el almirante Guillermo Faura, fallecido 8 años después, con 85 de edad, y, debido a su avanzada edad, se efectuó unos chequeos médicos en Estados Unidos.

“Él estaba decidido a ir, se embarcó con nosotros, pero ya estando en Chivay dijo: ‘Yo no los quiero molestar, voy a cumplir con todo el protocolo de la expedición. Si me siento mal, yo me quedo y ustedes siguen. No se preocupen por mí, viene mi mayordomo’”, relató Novoa, coordinador científico de aquel grupo.

Andrés, que así se llamaba el noveno miembro de la expedición, cuyo nombre nunca apareció en los papeles, se convirtió en el “cocinero oficial” desde una jornada en que uno de los científicos preparó un plato que sentó mal a todos.

“El mayordomo le dijo al almirante: ‘No, en adelante, yo cocino’. Y no hubo más enfermedades”, agregó el geógrafo.

Las elevadas temperaturas a las que debieron enfrentarse durante aquella convivencia de catorce días en el campamento situado en la confluencia de las quebradas Apacheta, Carhuasanta y Yoqueta, en el Valle del Colca peruano, también motivaron algunas situaciones curiosas.

Ron, grappa y vodka fueron los tres tipos de alcohol con los que los científicos subsanaron el frío en el interior de sus tiendas, dentro de las cuales debían hacer sus “necesidades urinarias”, explicó Novoa, “en botellas de plástico”. “El problema era que se congelaban y al día siguiente había que sacarlas al sol”, agregó.

El frío motivó la “muerte” de un termómetro, aquel con el que el hidrógrafo de la Marina Raúl Rojas debía medir cada seis horas la temperatura. “Un día bajó tanto la temperatura que el termómetro no marcó más. Superó los 30 bajo cero. Esa noche la carpa prácticamente era un ‘freezer’ (congelador)”, explicó.

La expedición, a partir de diversas mediciones, señaló el punto de origen del río Amazonas en la quebrada Apacheta, en el nevado Quehuisha, no solo por los criterios técnicos, sino, como aseveró Novoa, por los socioculturales.

“Hablando con los alpaqueros que viven ahí todo el año, cuando se expresaban respecto a la Apacheta y al Quehuisha lo hacían de una manera especial. El Quehuisha, en quechua, era el ‘apu’ y la Apacheta era la que daba la vida. Nos preguntamos por qué no daban la misma interpretación a las otras quebradas”, dijo.

Esas otras quebradas, descartadas como origen del Amazonas durante la investigación, son Carhuasanta, Ccaccansa, Sillanque y Yamacocha Ancollagua.

Aquella expedición marcó que el Amazonas era el río más largo del mundo, por delante del Nilo, con 7.062 kilómetros, con el siguiente reguero de afluentes peruanos: Apacheta, Yoqueta, Hornillos, Monigote, Apurímac, Ene, Tambo, Urubamba, Ucayali y Marañón.

Quince años después de aquella expedición, cuando toda la comunidad científica reconoció el hallazgo de la fuente del Amazonas, el grupo (salvo el almirante Faura, fallecido en 2004), colocó la placa de reconocimiento que la Ruta BBVA visitó recientemente tras una dura ascensión al nevado Quehuisha.

No obstante, cuando se le apunta a Novoa la importancia del hito, concluye que ellos no fueron “descubridores de nada”. “Los que han descubierto el río son ellos”, en alusión a los alpaqueros locales, grandes conocedores del terreno.

Concepción M. Moreno

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