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Espectáculos

Bryan Ferry y su voz cautivadora seducen al público de Madrid

WUNI News
07/03/2014 10:02 PM
Actualizada: 07/04/2014 1:20 AM

Madrid, 4 jul (EFE).- Con una voz cautivadora y un derroche de carisma, Bryan Ferry ha seducido al público madrileño en La Riviera, antes de actuar el sábado en Barcelona, en un concierto en el que ha triunfado su elegante e innegociable estilo catapultado gracias a una excelente banda de acompañamiento.

Los más de cuarenta años que lleva el cantante inglés sobre el escenario son sólo una muestra de la calidad y profundidad de su obra. Desde sus inicios rupturistas e innovadores con Brian Eno en Roxy Music hasta su longeva carrera en solitario, Ferry ha forjado una sólida trayectoria, quizá improbable para el hijo de un minero que llegó a la música a través de sus estudios de arte.

Con una chaqueta con un estampado de flores y muchas ganas de conquistar al público desde el minuto uno, Ferry comenzó el concierto con fuerza gracias a la sofisticada “Kiss and tell”, antes de disfrazarse del perfecto galán con la primera balada de la noche, “Slave to love”.

El arranque dejó claro que la banda que le acompañaba tendría mucho que decir. Intachables y con un notable componente femenino, los ocho integrantes del grupo dejaron su huella, especialmente las sensacionales coristas, la saxofonista siempre con un papel principal y la espectacular batería, desatada y arrolladora en cada canción.

Pero por encima de todo estaba la presencia magnética de Bryan Ferry, difícil de explicar más allá de su seductora e inconfudible voz.

Pueden ser sus caídas de ojos, su gesto despreocupado, casi encogido de hombros, con la pajarita suelta y la camisa levemente abierta, su mano en el bolsillo, su expresividad ante el micrófono o quizá ese aire que tiene de un Al Pacino melancólico y romántico, pero es indudable la atracción que desprende el inglés sobre el escenario, y Madrid no fue una excepción.

Ferry echó mano de todo su arsenal, incluidas varias canciones de Roxy Music como “If there is something”, con su toque casi de country, o una intensa “Oh yeah”.

Otra de sus facetas en la que ha destacado es en las versiones, sea con material de Bob Dylan (a quien le dedicó su disco de 2007 “Dylanesque”) o Elvis Presley, pero siempre marcando con claridad su sello personal, como en el arrebato ‘bluesero’ que mostró en La Riviera con “Same old blues”, que antes interpretó entre otros Eric Clapton.

Ferry no se dejó llevar por el camino fácil y demostró que con 68 años está en una envidiable forma. Mostró nervio y garra, con un sonido muy compacto, especialmente gracias a dos guitarristas que ni gateaban cuando el cantante ya daba sus primeros conciertos.

Así fue hasta que el ecuador de la noche dio pie a tres canciones del muy recordado “Avalon” de Roxy Music en las que algunas parejas, que lo llevaban deseando toda la noche, pudieron por fin bailar abrazadas.

No les faltaron motivos. Una estupenda “Take a chance with me” allanó el camino a “More than this”, muy íntima con un Ferry al piano y tremendamente expresivo, antes de que “Avalon” elevara el índice de nostalgia hasta la máxima cota de la velada.

Parco en palabras pero sobrado de encanto, Ferry mostró en la última parte del concierto su cara más “glam” y potente, liberado pero sin perder la compostura ahora con camisa oscura, pues la elegancia parece un mandato para Ferry incluso en medio de la fiesta.

“Love is the drug” sonó imparable, quizá la mejor canción de la noche, toda una invitación al baile que se consumó con “Both ends burning”, en la que la energía de las coristas subió varios puntos para contagiar al público sus ganas de marcha.

Ya en los bises, hubo espacio para dos versiones más: el rhythm and blues al estilo Ferry de “Let’s stick together”, que es original de Wilbert Harrison, y el cierre con “Jealous Guy”, un emocionante homenaje a John Lennon y una de las canciones fetiche de Ferry, que interpretó justo antes de despedirse del público con una elegante reverencia, como sólo hacen los auténticos galanes.

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