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Fútbol

Cardiff recibe con orgullo a Bale, su estrella más humilde

WUNI News
08/12/2014 8:29 AM

Cardiff (Reino Unido), 12 ago (EFE).- Cuando Gareth Bale regresa a su Cardiff natal como futbolista del Real Madrid, a sus paisanos aún les cuesta creer que aquel muchacho tímido que despuntaba en el equipo del instituto es una estrella mundial que ha ganado la Liga de Campeones y vale 100 millones de euros.

La capital de Gales es una antigua ciudad industrial, hoy volcada en el turismo, con un pulcro centro histórico y unos 300.000 habitantes repartidos en suburbios residenciales entre los que no es extraño encontrar lazos con la familia Bale.

“Su padre trabajaba en el colegio de aquí al lado. Allí, a cien metros”, señala a Efe con orgullo Dawn Malin, una joven madre que pasea a su hijo por uno de esos tradicionales barrios británicos de casas bajas junto a su marido, Lee, quien asegura ser “amigo de Bale”.

“A él ya le he visto mucho, a quien quiero ver es a Cristiano Ronaldo”, bromea Lee, que esta noche seguirá por televisión el encuentro de la Supercopa de Europa entre el Real Madrid y el Sevilla y está convencido de que el extremo galés, de 25 años, es “un chico familiar que nunca olvidará su raíces”.

Ambos aseguran que en Cardiff se tiene a Bale por un joven “humilde”, a pesar del estrellato.

El hogar de la infancia de Bale está en Whitchurch, un suburbio al norte de la ciudad con el que el futbolista todavía cultiva sus vínculos.

Este mismo verano, acudió a la inauguración de una escuela primaria en la zona, un acto en el que, además de firmar decenas de autógrafos, se reencontró con Mark Rideout, su antiguo profesor de educación física.

Rideout mantiene fresco el recuerdo del joven Bale, desde niño un deportista excepcional con aptitudes tanto para el fútbol como para el rugby y el hockey.

Ya en la adolescencia, demostró además que su capacidad técnica iba acompañada de un físico portentoso. Bale, que para entonces ya tenía claro que su futuro estaba en el fútbol, corría los cien metros en 11,4 segundos y los 1.500 en cuatro minutos y ocho segundos, marcas propias de un atleta.

Con el balón en los pies, el chico era tan bueno que otro de sus profesores, Gwyn Morris, le prohibía usar el pie izquierdo durante los partidos para que los otros niños tuvieran alguna opción contra él.

Más de una década después, nadie se ha olvidado de aquel brillante joven con orejas de soplillo en el instituto de Witchurch, que ha decorado uno de sus pasillos con imágenes de los deportistas que han pasado por el centro, un espacio que el futbolista comparte con el ciclista Geraint Thomas y el jugador de rugby Elliot Kear.

Quizás por ese respeto hacia el deporte que profesa el instituto, en su momento no puso reparos a que el hoy madridista dejara de ir a clase durante una larga temporada los lunes y los martes, cuando entrenaba en la academia del Southampton, a más de 200 kilómetros de Cardiff.

Esa exigencia no le impidió aprobar la educación secundaria con buena nota a un joven que estaba destinado al fútbol profesional desde los nueve años, cuando un ojeador del Southampton le propuso a su padre, Frank Bale, antiguo conserje de escuela, que llevara a su hijo a un club que ya no abandonaría hasta los 18 años.

“El Cardiff City perdió una oportunidad increíble cuando Bale era joven”, se lamenta David Sayce, un adolescente local que asegura que la trayectoria del madridista es un ejemplo para los jóvenes de Cardiff que quieren dedicarse tanto al fútbol como al rugby, el otro deporte mayoritario en la ciudad.

“Del Southampton al Tottenham y de allí al Real Madrid. No esta nada mal”, reflexiona Sayce, que admite sin embargo que por el momento Cristiano Ronaldo “es el mejor jugador del mundo”.

El portugués “lo ha demostrado en las últimas cinco o seis temporadas”, mientras que su compatriota “lo hizo fantástico en el Tottenham y lo está haciendo genial en el Real Madrid, pero todavía tiene que demostrar que es el mejor”, insiste el joven.

Cuando esta noche salte al césped para jugarse la Supercopa de Europa con el Real Madrid, en las gradas del Cardiff City Stadium no solo habrá aficionados dispuestos a celebrar los goles de una estrella mundial, sino vecinos y conocidos de la infancia de Bale que no pueden ocultar el orgullo que sienten por el éxito de uno de lo suyos.