Tráfico | T 45° H 74%

Espectáculos | Latinoamérica

El viaje del profesor Julio Cortázar, cien años de un maestro de las letras

WUNI News
08/26/2014 11:19 PM

Buenos Aires, 26 ago (EFE).- El legado de Julio Cortázar no se limita a la literatura, antiguos alumnos del genial escritor argentino, como Adelina Dematti, recuerdan hoy, en el centenario de su nacimiento, las lecciones del maestro de su escuela, la cara menos conocida del autor de “Rayuela”.

Un día de 1944, Cortázar tomó el tren para dejar Chivilcoy, la localidad bonaerense donde había ejercido como maestro durante cinco años, dejando atrás a decenas de alumnos que no podían imaginar que llegaría a la cumbre de la literatura en castellano.

Hoy, en el centenario de don Julio, un grupo de aquellos alumnos de la Escuela Normal Mixta Domingo Faustino Sarmiento, volvieron a la Plaza de España de Chivilcoy para recordar a su maestro de historia, mientras en el resto del país, con Buenos Aires a la cabeza, se suceden los homenajes en su memoria.

Adelina Dematti, una de sus alumnas y hoy miembro de Madres de Plaza de Mayo, recuerda que recibieron con tristeza la noticia de la despedida de su profesor, que vivió en Chivilcoy entre 1939 y 1944, antes de marcharse a Mendoza (oeste), también para dar clase.

“Los más arriesgados, porque teníamos una directora que era una bruja, pedimos que nos dejaran ir a despedirlo a la estación. El único medio que se usaba entonces era el tren que iba desde Chivilcoy a Buenos Aires. No nos dio permiso. Teníamos nada más que cruzar la Plaza España en diagonal y aún me molesta”, explica a Efe.

“Llorábamos todas las chicas, era un velatorio en el patio de la escuela”, agrega Dematti, que recuerda a Cortázar como un hombre “particular” hasta en su aspecto físico, “tan alto, con cabeza chiquita” y con la barba tan perfectamente afeitada que corría el rumor de que era lampiño.

“Creo que cada uno de nosotros, que lo habíamos visto en esa época y empezamos a verlo con barba en las fotos de Francia, no lo podíamos creer… Hasta se comentó que se hizo tratamientos”, bromea.

Cortázar, que enseñó historia, geografía e instrucción pública en la escuela de Chivilcoy, “tenía una característica que nos tenía apasionados (…), nos fastidiaba cuando escuchábamos el timbre porque dejábamos de escucharlo. Y él no era nadie, era Julio Florencio Cortázar, profesor de historia, punto”, relata.

Dematti le recuerda entrando en clase y acomodándose con los codos en el ventanal, con la libreta en la mano para pedir la lección a alguno de los 40 alumnos de la clase.

Era un profesor “muy exigente” pero también el único que realmente “hacía pensar” a los alumnos, según Dematti, que volvió a ver a Cortázar muchos años después, en París, cuando ya integraba las Madres de Plaza de Mayo y buscaba a su hijo desaparecido por fuerzas de la dictadura militar argentina (1976-1983).

“Voy a París en 1979 y le contacté por teléfono. Yo me presenté diciendo ‘me llamo Adelina Dematti, fui alumna tuya en la Escuela Normal de Chivilcoy, pero no es de eso que te quiero hablar. Soy una Madre de Plaza de Mayo’. Él hizo como un grito y dijo ‘ay, te quiero ver’”, recuerda en su conversación con Efe.

“Mi gran dolor que él no pudiera cumplir lo que se había propuesto, que era morir en su tierra…”, lamenta.

Cortázar abandonó Argentina en 1951 y se afincó en París -donde murió en 1984-, aunque visitó frecuentemente Buenos Aires, la última vez en diciembre de 1983, unos meses antes de morir de leucemia.

En su centenario, las editoriales se han volcado en la reedición de sus obras y las administraciones han multiplicado los homenajes a su memoria en Argentina en el marco del “Año Cortázar” que arrancó en junio del pasado año con el 50 aniversario de la publicación de “Rayuela”.

Hoy, más de 40 escritores y académicos debaten en “Lecturas y relecturas de Cortázar” sobre la obra de este referente de la literatura hispana, un innovador del lenguaje y un “amigo”, como apunta la ministra argentina de Cultura, Teresa Parodi: “Los lectores nos sentíamos sus amigos, por eso se lo extraña y se vuelve a frecuentar su obra como volviendo a casa”.