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La soprano Íride Martínez, confiada ante su debut en el Covent Garden con "Don Pasquale"

WUNI News
September 8, 2010. 06:20 AM

Londres, 8 sep (EFE).- La costarricense Íride Martínez se muestra a la vez orgullosa y confiada ante su debut, este domingo en Covent Garden, como Norina en la ópera "Don Pasquale", de Donizetti.

En declaraciones a EFE en su camerino, Martínez sólo lamenta no poder hacerlo bajo las órdenes del maestro Charles Mackerras, con quien hizo la audición para ese papel aquí hace dos años y que desgraciadamente falleció el pasado julio.

"Era una autoridad en música y una persona además muy afable. Es una pérdida muy sentida", explica la soprano acerca del director australiano, sustituido ahora por el italiano Evelino Pidò, a quien ella ya conocía desde que sustituyó en París a Natalie Dessay en "La sonámbula", de Bellini.

También conoce (de un Rigoletto que hicieron juntos) a Paolo Gavanelli, que hará aquí de Don Pasquale, y elogia tanto al resto del elenco como la propia producción de Jonathan Miller.

Martínez dice encontrarse a gusto lo mismo en la ópera italiana que con Mozart o Richard Strauss -no en vano estudió en Italia y en Alemania y ahora vive en Hanóver (Alemania), una ciudad tranquila en cuya ópera es director su esposo, el austríaco Siegmund Weinmeister, y ambos tienen también, según explica, "una casita" en Le Marche (Italia).

"Soy latinoamericana, pero vine a Europa, tengo una formación europea en general y a mi tipo de registro le va el repertorio alemán, que me encanta, aunque el bel canto habla más a mi alma, va más a mi temperamento y también a mi línea de canto, a mi habilidad para hacer juegos pirotécnicos con los agudos".

Su repertorio va desde la reina de Schemaka, en "El gallo de oro", de Rimsky-Korsakov, Zerbinetta ("Ariadne auf Naxos"), Sofie ("El caballero de la rosa"), Violeta ("La traviata") o Adina ("El elixir de amor") hasta Cleopatra ("Giulio Cesare"), Pamina ("La flauta mágica"), pasando por Constanza en "El rapto del serrallo" o "Lucía di Lammermoor".

Le interesa además, y mucho, por lo que tiene de desafío, la música de compositores contemporáneos -es "música virgen", dice- y, así, hizo de Nachtigall (Ruiseñor) en "Die Vögel" (Las aves), de Walter Braunsfels, estrenó en La Scala de Milán la ópera "1984" de Lorin Maazel, y en París "Como anhela la cierva", de Arvo Pärt.

"Es un lujo y un honor poder discutir el papel con el propio compositor cuando está vivo. ¡Qué más quisiera que haber podido hablar con Mozart!", comenta.

De Plácido Domingo, con quien trabajó en la ópera "Goya", de Menotti, dice que "es un gran artista de quien se aprende muchísimo porque es alma, vida y corazón sobre el escenario y es tan importante crear emociones, mover las almas cuando se da vida a un personaje".

La soprano explica por otro lado que no tiene nada contra las puestas en escena no tradicionales, siempre y cuando sean "lógicas y coherentes" y no tergiversen el sentido de la obra o traten de "provocar gratuitamente".

A veces se exigen a los cantantes esfuerzos físicos extraordinarios, algo que a ella parece no importarle porque "soy -explica- una persona muy ágil. En cierta ocasión tuve incluso que patinar sobre el hielo en un escenario. Fue en una producción de "Die Liebe der Danae" (Richard Strauss).

Martínez dice que le gusta el trabajo de actriz en los roles que interpreta y recuerda que ella estudió para el teatro antes que para cantante y su ambición fue combinar las dos artes en el escenario, como ocurre en la ópera.

Preguntada por sus próximos papeles, Martínez cita el de la Reina de la Noche, de "La flauta mágica", de Mozart, en una nueva producción que se estrenará el próximo año en Oviedo (España), aunque lo cantará antes -en diciembre- en Düsseldorf (Alemania).

Martínez dice sentirse en pleno dominio de su "vocalidad" y explica que le gustará seguir cantando todos los roles de su repertorio aunque sueña con hacer "Ana Bolena" (Donizetti) y, "tal vez, Lulú (Alban Berg) dentro de algún tiempo".

La soprano habla por otro lado con satisfacción y orgullo de la fundación que ha creado con su esposo y Mario Alberto Marín en Costa Rica para ayudar a jóvenes de aquel país a hacer una carrera en el canto, dándoles primero formación en su país natal y ayudándoles luego a perfeccionarse en Europa.

"Los cantantes latinoamericanos, como Juan Diego Flórez, Aquiles Machado o José Cura, entre otros, hemos tratado de desarrollar actividades para ayudar a nuestros pueblos", afirma.

Joaquín Rábago